miércoles, 25 de mayo de 2016

La flor


Cuento para ti

   La luz del amanecer se filtraba por los ventanales dibujando pesadas sombras largas sobre la pared. Se había pasado la noche queriendo dibujar una flor nueva, para ella, para la amiga que le había preguntado que son las flores y se le ocurrió que la mejor forma de explicárselo era creando una nueva flor exclusivamente para ella.

    Se dio a la tarea de imaginarla y pensó en los momentos juntos desde que la conoció, en cuanto tiempo hacía que la conocía y que desde entonces algo había unido sus almas. El tiempo después vendría de allá tejiendo momentos y más momentos para estar juntos.  Para confrontar voces, miradas y recuerdos. La primera vez que tomo sus manos sintió ese calorcito en el estómago  que algunos llaman mariposas y otros nervios. Y así sin prisa enfrente de ellos se fue acumulando algún café y momentos de charla en el teléfono.

    Luego vendría alguna cena o algún vino y alguna película. Saberla a su lado le hacía sentir genial, como si la alegría de él se continuara en ella. Hay que decirlo, él ya llevaba la delantera pues ya le llevaba sueños y madrugadas por delante.

      Ella en cambio improvisaba canciones, tarjetas y apretones de mano. Sólo hacía falta el momento que los nivelara por completo  para unir no solo las almas ya que esas ya se habían unido muchas veces, sino los cuerpos. Esa fábrica de trabajo y rutina pero también de horizontes insospechados. Sueños y lunas  frías.

    Teniendo en cuenta esto la flor tendría que ser perfecta, y la imagino tal como si de un dios se tratase con su paleta de colores amplísima, Con un ejercicio de imaginación vio que había tímidos azules, rojos en tonos nuevos, amarillos inesperados, naranjas cargados de alegría; y sin embargo solo lograba empezar el horizonte verde de las hojas, (porque estarán de acuerdo conmigo que las flores lucen más sobre las hojas, que sueltas, aunque hay algo de poético en las flores sueltas y que se guardan dentro de un libro o a menos que sean mariposas pues esas son flores vivas.


  Así que se entretenía dibujando las hojas y cuando llegaba al tema de la flor, no alcanzaba a ver la idea que quería. Así que divagaba sobre la flor azul de Novalis, sobre la flor amarilla de Borges, o sobre la rosa inmensa de Rilke, Él era el que más se acercaba a su idea de una flor nueva. 

   En este punto decidió parar y se durmió (a veces los dioses duermen) y en el sueño retomo el pincel y dibujo la flor más maravillosa que se le ocurrió, La flor era una orquídea nueva, hay que decirlo, las orquídeas son las más abundantes en las fiestas de las flores. Así con los pétalos largos y blanquísimos, con una tímida aparición del azul en forma de glifo, los bordes estaban guarnecidos en un violeta oscuro, y la flor lucia estupenda.

   Muy temprano se decidió a pintar y al llegar al lienzo y los colores, he aquí que la flor estaba ahí, impasible sobre el lienzo, Sacudió la cabeza para ver si estaba soñando y acercándose toco tímidamente la foto. Al tocarla despertó (el dios, no la flor) mientras la luz del amanecer se filtraba por los ventanales dibujando pesadas sombras largas sobre la pared y él quería dibujar una flor nueva.


X. M.











2 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Sencillamente, mágico. Un beso

Rembrandt dijo...

Cada flor que dibuje para ella será hermosa porque lo hace desde el corazón. Imagino una paleta de colores inigualables, casi de ensueño.

Hermoso cuento querido GAB me encantó leerte.

Besos desde mi sur un tanto lluvioso por estas horas.
REM