miércoles 11 de noviembre de 2009

Dos poemas de Ak'abal * Jaguar y Pajaro




I


Vuelo
Soy pajaro:
mis vuelos son
dentro de mi­.

Rapapem
In inchikop:
ri nurapapem
kinb'an pa ri wanima'.


II


Jaguar
Otras veces soy jaguar,
corro por barrancos,
salto sobre peñascos,
trepo montañas.

Miro mas alla del cielo,
mas alla del agua,
mas alla de la tierra.
Platico con el sol,
juego con la luna,
arranco estrellas
y las pego a mi cuerpo.

Mientras muevo la cola,
me echo sobre el pasto
con la lengua de fuera.

B'alam

K'o taq mul in b'alam,
kinxak'in pa taq siwan,
kinch'opin puwi' taq ri tanatik
kinb'inib'ej, kinq'axaj juyub'.

Kinwil ri unimal ri kaj,
ri uchowil, jela' che ri ja',
ri uk'ux ri ulew.

Kintzijon ruk' ri q'ij,
kinetz'an ruk' ri ik',
kinb'oq' ch'umil
kinnak' chuwij.

Kinsilob'aj ri nuje',
kinq'oyi' cho ri le'anik
kinkosik', kinwesaj ri waq'.

Humberto Ak'abal

viernes 6 de noviembre de 2009

En la orilla blanca


XII

En la orilla blanca de tu cuerpo
que es mi casa, sueñas con mi cuerpo
que es tu casa, y tus manos abren frente,
en esta magnolia blanca que es octubre.
Tu cuerpo recorre sueños en vigilia,
cercanía, deshielo de dos en barro,
légamo adormecido,
mano que mece el fuego
y con su barro forman
esfera, cantimplora, clepsidra,
relojes de tiempo acumulado,
tu, salamandra de agua,
estrella de puntas incontables
has sido la hiedra amorosa,
buscando el tacto, la caricia del alfarero
y en tu cuerpo disponible has tenido mi mano,
mi fuego cubriendo tu cuerpo dormido, asaeteado,
donde has sido, la campana donde el deseo
repica como el aguacero,
en esta noche tibia donde la lluvia
te adormece y mi lumbre
calma tus sentidos
una vez,
junto a mi,
dormías.
Y no eras tu,
era yo
quien despertaba.


Gab Martinez

sábado 31 de octubre de 2009

Dia de Muertos en Ayutla








XXV

Cambian las hojas, cambian.
Es noviembre
en unas horas el viento vuelve a nacer
helado, mortuorio es la hora de los difuntos,
en el altar de caña se sostienen las naranjas
en la mesa la botella de mezcal
los tamales envueltos en hojas de otoño.
El tabaco envuelve en su humo
la lista de difuntos en la mesa de los muertos
ellos regresan según la costumbre de Ayutla
a visitar a los que recuerdan, los que no olvidan
en sus rezos, en el altar de su memoria.
Las velas que junto las flores de cempasúchil
de cresta de gallo, las azucenas, los alcatraces
los rabos de nube hacen guardia a los que se fueron.
En el panteón sembrado de cruces
de difuntos, de veladoras de vaso
y listas de antepasados hechas a mano,
escritura doliente junto al rosario y
la memoria rodeada de tímida llovizna,

Aquí en las nubes de Ayutla
el panteón es el centro de reunión
de muertos y vivos, del recuerdo y la añoranza
de la memoria que se extiende en el tiempo
y que toca con sus dedos el presente
resguardado en el dolor del duelo
de las palabras que quedaron por decir
en los gestos, en la ausencia de los
que aun escuchan a los vivos
a los vivos que reclaman su enlace
con la eternidad, con lo que permanece
y los muertos que beben el mezcal
el café, que vuelan en el humo del tabaco
(en la lista de difuntos las mariposas
parpadean en esa luz que devora la oscuridad)
y por un momento la escena es confusa
¿Quienes son los muertos y quienes los vivos?
los que están sentados ahí y los que hablan
como si la muerte fuera un invitado
mas a esta mesa de niebla y llovizna,
entre estos árboles inmensos
y la vida fuera este instante de comunión
entre vivos y muertos en noviembre,
la anciana madre enferma
que no alcanzo a saludar a los hijos
que vivían en la distancia
en la necesidad de sobrevivencia
les da el gesto de amor que les falto
el perdón ansiado por faltas que quedaron
como cicatrices inciertas en el alma
en el cuerpo que grita con la garganta
por el dolor del duelo de un cáncer
que lacero en los años de ausencia
y que quedan dirimidos en el perdón
de una lagrima surgida de la llovizna
el padre que desapareció de pronto
que llego al hospital sin más ropa
que un cuerpo accidentado
un cuerpo aglutinado con el dolor
de los hijos y la viuda sorprendida
el hijo que queda como esperanza
sembradas para siempre de un futuro
Y el dolor vuelve a ser bálsamo
vuelve a ser cosa vivida, latente
pero dirimida en la conciliación
de este encuentro de muerte y vida
de vida y muerte donde la muerte
toma la mano a la vida
recordándole la fugacidad del instante
la fugacidad de la niebla que cubre
por igual a este pueblo en la montaña
a los muertos y los vivos.

Se hace oración,
se mencionan los nombres de los abuelos
que no llegamos a conocer
de la extensa lista de familias tutelares
es hora de la visita de los demás altares
del encuentro festivo de los adornos
de los panes haciendo guardia al mezcal
del arco de caña, amarrado con manzanas
con naranjas, las frescas jícamas
y los tamales, la colación, los dulces
la creencia de que no se puede tocar
nada de los altares hasta después
que lleguen los muertos,
y la visita es larga, tanta como la noche
Hasta la madrugada, hasta que el canto del gallo
regrese al tiempo efímero del presente
y la llovizna acabe en este día de noviembre.

Gab Martinez

viernes 30 de octubre de 2009

Cocijo




Cocijo

Alma de lluvia en torrente,
alma de trueno en crepitaciones,
temblor de tierra escandaloso,
padre de la tierra en ascenso,
barro con que se forma el hombre,
jaguar marino de las edades.
Cocijo, barro, ceramica, piedra,
marmol, luz, roca, meandro, ri­o,
ojos rasgados, manos tristes,
pies poblados, mirada infinita.
Eso eres cuando varon, hembra, niño,
joven adulto, viejo.
Eres infinito, vital, Cocijo.

Gúuci Yúu

Láadxi dóo níisa guiée róoba,
láadxi dóo guíi xháa guibáa cayáaba,
xhúu guídxi layúu naróoba,
bixhóoze guíidxi layúu zéeguiiba,
béeñe guyáa née binni,
béedxe níisa dóo stíi íiza.
Gúuci Yúu, béeñe, bizíiña, guiée,
guiée quíichi, biáani, néeza níisa, guíigu,
guiée lúu dáagu, náa yáati,
ñée gúude, guennda rúuya zíitu.
Ngáa líi ráa nguíiu líi, gunáa,
báadu, báadu nguíiu, huaníizi, nayóoxho.
Nabáani dóodo lúu, Gúuci Yúu.

Macario Matus

Poeta y escritor originario de Juchitan. (Oax, Mex)
Autor de numerosos libros y arti­culos, escribe en zapoteco del Istmo y castellano

NOTAS

*Pitao Cocijo fue la divinidad
zapoteca precolombina de la lluvia. Es una deidad homóloga a Chaac entre los mayas; Tláloc entre los teotihuacanos y nahuas; y Dzahui entre los mixtecos. Las representaciones de Pitao Cocijo aparecen desde la Fase Monte Albán II, en el período de consolidación de la cultura zapoteca, ya libre de la influencia olmeca en los Valles Centrales de Oaxaca. Su culto se popularizó durante la Fase Xoo (500-800 d. C.), época en que que sus representaciones se vuelven muy frecuentes entre las conocidas urnas funerarias zapotecas. El culto a Pitao Cocijo sobrevivió hasta el proceso de cristianización de los zapotecos.
Una de las características más señaladas de Pitao Cocijo es que sus representaciones suelen contener alusiones al glifo zapoteco para agua. Algunas veces aparece con una vasija entre las manos. En algunas ocasiones porta una máscara que le rodea los ojos, con colmillos y lengua bífida, de modo similar a las representaciones de Tláloc.
En el sitio arqueológico de
Lambityeco en Oaxaca, los bustos de estuco de Cocijo llevan una vasija derramando agua en una mano y rayos en la otra.[1]
Durante el periodo clásico el jaguar se asociaba, por lo menos en parte, con el dios Cocijo.
[2] (Fuente: Wikipedia)

**
Los mixtecas y zapotecas tuvieron una deidad principal regente que fue Cocijo. Al igual que el Dios Tlaloc de los Nahuas, Cocijo, representaba el Dios del Agua, si estudiamos la Antropología Gnóstica, nos daremos cuenta que los Dioses de nuestros antepasados, representaban en si mismo muchas cosas, por un lado partes espirituales de uno mismo, por el otro fuerzas, leyes, principios cósmicos, y por supuesto también grandes maestros iluminados que en otros tiempos nos develaran la sabiduría del auto conocimiento.
Así aparece Cocijo, como una representación de Nuestro Real Ser interior, por ello es que las leyendas, mitos y tradiciones, así como los códices y estelas, muestran a este Dios como el principal, y es que dentro de nosotros tenemos un Anciano de los Días, que vela por nosotros, que busca el bienestar de cada uno, y que nosotros errando el camino ya no lo escuchamos, ya no hacemos caso a los dictados de nuestro corazón, hemos entrado en una Edad negra y materialista, donde el Dios Cocijo, Nuestro Real Ser, ya no tiene la menor importancia.
Como deidad de las Aguas, nos indica la importancia de las aguas internas, de las aguas puras de Vida, si el agua es la vida para el mundo, la energía creadora que nos trajo al tapete de la existencia, es el símbolo de la importancia que tiene el aprender a cuidar, canalizar y trasmutar estas fuerzas a través del recto Pensar, recto sentir y recto obrar. No podemos dudar de que también fuera un gran Maestro iluminado, que trajo a los Zapotecas y Mixtecas la ciencia esotérica gnóstica e implantara en esta región una Sabiduría Inmortal.

Fuente: (Antropologia Gnostica)

lunes 26 de octubre de 2009

eL CaMInO dEl ReLaMpAgO



============El libro de las horas==============

III

El camino del relámpago, es la tormenta.
Del viento, marcar tu cara con tinta de guerra,
destruir uno a uno tus caminos,
hasta que la espada sola,
eleve la bandera de tu corazón en ristre.
El fin de la tormenta es la destrucción,
por los caminos oscuros, inmisericordes
sombras de cerros sobre cerros.
El desierto donde la luna,
te señala el camino que no es el que sigues,
el de la separación, el del olvido.
De nosotros, de tu, de mi, de este libro,
que queda a la mitad de la novela donde el héroe
se vuelve villano y la novia, dragón.
Volviendo el cerrojo sobre los cuerpos abandonados
a mitad del libro, en el índice del capitulo
que deja marcado un dedo: el del olvido.


Gab Martinez

jueves 22 de octubre de 2009

El caracol



SUEÑO SEGUNDO

(La palabra)
Soy el caracol
con voz nacida del mar
que habla por voz de tus hijos
madre.
Mi canto recorre el mundo
trazando caminos.
He penetrado en el laberinto de las grutas
para que los dioses antiguos
escriban en mis labios
la palabra que la torcaza
derrama en el mundo
en mañanas de lunas.
Soy la voz primera que recoge los ecos
que ayer sembraste en viejos caminos.
Soy la palabra antigua que solo se dice
pasada la media noche
si tu hijo no retorna del monte.
Soy el caracol de ecos antiguos
que has grabado con tu voz, madre.
Soy el caracol.


KA'A WAYAK'

(T'aan)


Teen le jub
siijil u t'aan ich k'áa'náab
kin t'aan tu yóo'lal a paalalo'
in na'.
In k'aaye' ku jolch'aktik
u beel wíiniko'ob yóok'ol kaab.
Dzo'ok in xíimbaltik u satunsat bejil áaktuno'ob
ti'al ka dzíibta'ak tin chi'
tumeen in úuchben Yumtzilo'ob,
u nikte'il le t'aan
ku jayik le sakpakal
yóok'ol kaabtu ja'atzkab
k'iinilo'ob Ujo'.
Teen le yáax t'aan
molik le éedznak'o'ob
ta pak'aj jo'olje
te'ej úuchben bejo'obo',
teen le úuchben t'aan
chen ku ya'ala'al
wa ku máan chúumuk áak'ab
ma' suunak a paal k'áaxo'o .
Teen le jub úuchben u éedznak'
tu'ux a dzíibtmaj a t'aano'
in na'.
Teen le jubo'.

Feliciano Sanchez Chan

*coordinador de publicaciones de la Casa de los Escritores en Lenguas Indi­genas. (Mex)


lunes 19 de octubre de 2009

Ahi estas


------------------------------Francine Van Hove-----------------------------

V


Ahí estas, dormida,
guarecida por el sueño,
dando la cara a la noche
mientras tu cuello
y la cumbre de tu espalda
despierta en ese jirón de nube
que eres, cuando con mi lengua
muy despacio toco tu oreja,
el lóbulo que oye el repicar
de las antiguas campanas del deseo,
tus omoplatos se pliegan
en la orfandad de tus brazos,
el ángel de tu nuca me responde
con un suspiro cuando interrogo por ti
en esta blancura de tu cuerpo,
cosquilleo, rumor, saliva, labios
los vellitos de tu cuello se erizan
con mi aliento, responden al tacto
de mis sentidos,
de mi hambre,
de mi nombre,
mina de colores
temblor,
pequeños lunares
en el mundo de tu cuerpo que descubro
navegante de ti y de tus sentidos
toco tu espalda y te estremeces
te lamo y descubro esas alas ausentes
me pierdo en ti como en la lejanía
de brasas desatadas,
ardidas en un horizonte lejano,
en la borrasca de un sueño
que desciende hasta tu almohada
en esa noche en la que te escondes
y ahí estas: dormida.


Gab Martinez