jueves, 30 de septiembre de 2010

Maiakovski en México

Trópicos

Me asomo:
He ahí
los trópicos.
Mi vida entera
suspiré una y otra vez por ellos.
Y el tren
avanza de prisa
entre palmares
entre platanales.
Sus abanicantes siluetas
adoptan figuras que marean:
Otra me parecen sacerdotes,
ora pintores.
¡Ay, ni uno mismo
da crédito a sus ojos!:
Entre el alboroto y el hervor
se yerguen los cactos
cual tiros de samovar.
Y en esas chimeneas las avecillas
lucen más lindas que de ordinario.
En tal sentido
—gorrioncillos
parecen—
cantan claramente. No acabo
de compenetrarme del bosque, el delirio,
el calor
el día,
cuando día
y bosque desaparecen
sin crepúsculo
ni
transición.
¿Dónde está el horizonte?
Toda línea
se ha desvanecido.
Aclárame
¿cuál es la estrella
y dónde
están los ojos del jaguar?
Ni el más hábil
recaudador contaría
las estrellas
del trópico nocturno,
a tal punto
en las noches de agosto
colmadas de luceros
son infinitas.
Me asomo:
No se distingue nada.
Mi vida entera
suspiré por los trópicos.
El tren sigue su marcha
entre el paisaje,
entre el aroma
de los plátanos.

Vladimir Maiakovski


En 1926, el poeta de la joven revolución soviética, Mexico. Maiakovski escribió este poema durante el viaje en ferrocarril de Veracruz a la ciudad de México. Versión aparecida en 1984 en la revista La Palabra y el Hombre, y recogida en Poetas del mundo, Cuadernos de La Palabra, Universidad Veracruzana, 2007.


Traducción del ruso: Carlo Antonio Castro y Raymundo Aguas Franco

7 comentarios:

zayi dijo...

Todo lo que he leído de él, me ha gustado...hay algo que considero personal, porque es como si me hubiesen escrito un fragmento de mi vida...te lo dejo acá mi Gabo, del mismo modo en que nos has dejado esta belleza.

…Y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche, ya no se esconden, pisan las flores, matan nuestro perro y no decimos nada.
Hasta que un día, el más frágil de ellos, entra solo en nuestra casa, nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada, ya no podemos decir nada.

Vladimir Maiakovski

Un besito.

Noelia dijo...

Qué dificil captarlo todo, mierntras viajamos en la vida, y si lo queremos recaudar se nos escapa siempre... mejor oler el aroma mientras se pasa, y ver las estrellas en todo, y también encontrar los ojos del jaguar en nosotros con él.

Me encantó, leeré más coas de él, gracias Gabi, y a ti también zazy.

Besos.

Noelia dijo...

Perdón zayi :) muy buen poema.
Aunque nos duela, hay que decirlo todo, la belleza ha de manifestarse, sino se queda muda y sola, pero aún así no está sola.

marichuy dijo...

Imagínate lo que sería para un ruso, GAB, mirar por vez primera estos paisajes exuberantes, habrá sido toda una experiencia.

Un abrazo

Volarela (Maite Sánchez Romero) dijo...

Vida y más vida, allá..., exuberancia de formas. El perpetuo latido del agua, de la savia, de las aves, las estrellas... debe de ser una experiencia fascinante. No pude evitarlo, el poema me ha puesto a imaginar...
Un abrazo.

Rembrandt dijo...

Querido amigo,
hice junto al poeta ese recorrido, sus ojos fueron mis ojos, puedo ver el asombro y sentir los suspiros mientras el tren avanza en medio de la exuberancia que ofrece la naturaleza. Bellísimo!!!

"...Mi vida entera
suspiré por los trópicos.
El tren sigue su marcha
entre el paisaje,
entre el aroma
de los plátanos."

Besos para vos , esta preciosa noche de primavera.
REM

América dijo...

Despues de dicho todo lo dicho GAB es un recorrido,un viaje un proceso emocional muy emotivo.

Un abrazo,