lunes, 28 de septiembre de 2009

Juventino Santiago


¿Los muertos se transforman en víboras en la cultura mixe?

Juventino Santiago Jiménez

Le había preguntado a mi mamá dónde estaba mi papá, porque veía a mis compañeros jugando con los suyos. Ella me dijo que él estaba muerto, pero no entendí qué era la muerte. Yo suponía que cuando alguien se muere, algún día podría regresar, o por lo menos nos visitaría dos veces al año.

Una mañana despejada, bajo el cielo mixe, estaba en cuclillas jugando a las canicas. Repentinamente se asomó una víbora. Se parecía a un coralillo y mostraba su lengua como saludándonos: “Buenos días a todos y que la paz esté con ustedes”. Estaba muy cerca de mí. Pensé que me mordería, pero sólo veía. Yo entendí que era una visita más, porque anteriormente habían llegado a la casa otros animales de diferentes tamaños y colores. Sin embargo, tenía miedo. Quería llorar. Deseaba que mi llanto lo escuchara mi mamá, quien estaba al otro lado del cerro, pero no lloré.

Cuando mi mamá llegó a la casa. Le comenté lo de la víbora, y ella me contestó: “Era tu papá. Mañana mismo iremos a verlo”. Al día siguiente nos dirigimos a Tamazulapan. Yo estaba feliz de ver a mi papá. Al llegar al pueblo, ella compró flores, mezcal, veladoras y pan. Me dijo que tal vez mi papá no había comido. Me preguntaba yo, en silencio ¿dónde está mi papá? cuando me percaté de que ya estábamos en el panteón. Allí entendí que mi papá yacía dos metros bajo tierra. Que estaba muerto y jamás regresaría. Solamente nos visitarían las víboras y otros bichos para estar felices eternamente.


viernes, 25 de septiembre de 2009

Leonel Lienlaf * Dos poemas


I

Se ha despertado el ave de mi corazón

Se ha despertado el ave de mi corazón
extendía sus alas
y se lleva mis sueños para abrazar la tierra

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II
Extranjero

Ando por otras tierras
durmiendo
sueño frente a una honda
quebrada.
Se limpia el campo
y sobre el campo
es transparente mi palabra...
Mi sombra me ha encontrado.



*Leonel Lienlaf: poeta que escribe originalmente en idioma mapuche.
Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1989

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ars Poetica - Humberto A'kabal

Mis abuelos del lado de mi madre tenían el cabello largo, lejanamente recuerdo al bisabuelo: su cabello blanco se lo enrollaba alrededor de la coronilla y ponía su sombrero sobre aquel manojo canado. Mi madre quería que yo siguiera con la tradición de los abuelos. Había algunas razones para tener el cabello largo: evitaba que uno fuera tartamudo y los espantos no lo molestaban. Mi mamá me trenzaba, dos trenzas porque mi cabello era abundante, esto duró hasta que cumplí siete años. Por aquel entonces los maestros salían de casa en casa reclutando niños de edad escolar y quienes se rehusaran llevar a sus hijos a la escuela los ponían en la cárcel. A pesar de esa advertencia muchos padres escondían a sus hijos en pozos secos, en ollas grandes o en la copa de los árboles. La escuela no era bien vista por los ancianos, temían que fuera un lugar “donde les abrirían los ojos y los oídos a los niños y que poco a poco irían perdiendo el respeto a sus mayores...” (Al paso de cómo van las cosas me pregunto si no tendría algo de profético el temor de los abuelos). En fin, los maestros aparecieron detrás de la casa y me echaron el ojo, así que no hubo escapatoria, yo tenía mucho miedo pero mi padre me dio ánimos para ir. Y me llevaron para inscribirme, y aquí el primer problema: el director de la escuela dijo que no me inscribirían en la escuela de varones sino en la de niñas, mis padres insistían en que yo era varón, pero la dirección dijo que no inscribirían a alguien que no parecía hombre, por lo que por primera vez me cortaron el pelo. Mi madre lloró mucho y guardó mis trenzas entre su almohada. Pasaron los años de la escuela primaria, cuando yo andaba por los diez y siete años mi cabello era ya bastante largo, mi madre estaba contenta porque según ella me parecía mucho al abuelo. Por ese entonces el ejército reclutaba a los muchachos de mi edad para llevárselos al cuartel, se llamaba sarcásticamente “servicio voluntario de milicia” (aquello era una cacería criminal), y todo aquel que tuviera el cabello largo era seña de que no había prestado servicio militar; y aunque yo no debía hacerlo por impedimento físico, los militares me obligaron a cortármelo porque según ellos yo era un “amujerado”, y que si no me lo cortaba por mi cuenta que ellos lo harían “porque los machos tienen que parecer hombres”. Muy en contra de mi voluntad tuve que visitar otra vez al barbero. Pasaron seis u ocho años y el pelo inevitablemente me volvió a crecer. Por esos años la guerra interna del país se intensificó y yo tuve que abandonar mi pueblo e ir a la ciudad en busca de trabajo, lo que fuera: barrendero, sirviente, cargador; cualquier trabajo porque yo no era (ni soy) calificado en nada. No me daban trabajo “por peludo”, que así parecía vago, charamilero, y que tenía cara de baboso. No tuve más remedio que cortármelo. Después de trabajar diez años en la ciudad, dejé de ser obrero y regresé a mi pueblo y volví a dejarme crecer el pelo. Por esos días se publicó mi primer libro de poemas y aparecieron por primeras vez fotografías mías en los periódicos y, aunque parezca broma, algunos “críticos” de literatura guatemalteca saltaron de su sillón, dijeron que yo me había dejado crecer el pelo “para caerles bien a los europeos”, para venderme como apache, como siux, que parecía hippie, etc. (la prensa guarda en sus páginas esos insólitos artículos). Y hoy que finalmente puedo disfrutar de mi cabello y tenerlo como me dé la gana, no sólo ya no me crece sino que se me comienza a caer.

Humberto A'kabal

sábado, 12 de septiembre de 2009

Que siga lloviendo


Tú sólo repartes
flores que embriagan,
flores preciosas.
Tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.
Nezahualcóyotl

QUE SIGA LLOVIENDOQue no te dejo en paz,
que cada vez que te menciono
interrumpo tu viaje.
Que estás cansada de mí,
decepcionada, enfadada .
No me lo tomes a mal,
sólo quiero borrar tu silencio,
derramar tinta, sentimientos,
recuerdos. Sólo deja que broten
y que siga lloviendo.
Habrá un espacio también para la noche,
entonces entre las sábanas
tendrán eco mis palabras.



Juan Gregorio Regino

viernes, 4 de septiembre de 2009

Elicura Chihuailaf




Ante la situacion que se tiene en Chile, con el conflicto mapuche y sin ahondar en las cosas y causas a que ha llevado esta situacion, es conveniente señalar que el pueblo mapuche tiene a un poeta del que les presento el siguiente texto:


ANTES DESAPARECIERON (A) NUESTROS
HERMANOS ONAS. MAPUCHES HERMANOS,
PARA NOSOTROS QUIEREN LO MISMO

Estamos aquí amigos, como pájaros que
no se ocultan
y son presa fácil para los cazadores
Sólo buscamos una última oportunidad
para tomar las riendas de nuestro destino
Estamos lejos porque nos han desterrado
pero nacen hijos que llevan nuestra sangre
con ellos volveremos, una tarde, al terruño
(¿no es acaso la tarde como la vejez
la hora en que el día y el hombre esperan
morir en paz?)
Sopla el viento sur, en un país extranjero,
y nos hace recordar
el olor de los canelos y arrayanes
que llenaban los pulmones
Sopla el viento sur y nos recuerda que
en las ciudades de Chile
hay muchos que nos discriminan y nos dan
los peores trabajos
(así ¿podemos poner otra vez la cara
para que nos golpeen?)
Del Este viene el viento, ha llegado
La hora de retornar
Beberemos muday, beberemos agua en las
vertientes.


Elicura Chihuailaf