viernes, 5 de diciembre de 2008

EL RITUAL DE UN CAZADOR

EL RITUAL DE UN CAZADOR
HUMBERTO LUIS
Narrador
Había una vez un cazador nativo de Alotepec. Como la gente
de ahí es pobre, tiene que buscar otras formas de ganarse la
vida, además de trabajar en la milpa y salir a cazar. Este cazador
llevaba mucho tiempo sin cazar un animal; entonces, un
domingo, este señor, con su fe puesta en el Señor de Alotepec,
fue al templo y depositó una ofrenda al señor y le pidió que le
diera el don para cazar. Se lo pidió al Señor y le entregó una
veladora, como maraca el ritual.
El cazador regresó a su casa; ya había pasado un domingo y
un día de la semana, entre los meses de junio y julio, que es el
tiempo de lluvias, cuando los animales se aparecen en el monte.
Entonces, un día dijo:
—No, pues voy a ver qué puedo cazar.
El cazador se fue solo, sin ningún acompañante. Fue a un lugar
llamado put’s kopäjk.217 Antes de salir de su casa, como ofrenda
al dador o cuidador de todos los animales, el señor le llevó
un gallo al lugar indicado como símbolo de ofenda. Así llegó
con el gallo al lugar donde todos los cazadores deben dejar
un gallo; en mixe se conoce como kojo tsy’uy n’ikay. El cazador
hace su ofrenda y le habla al Señor de Alotepec, le habla a dios;
le dice al dador o cuidador de todos los animales que le dé el
don para poder cazar un animal.

—Tú Kong (“señor”), tú Anäw (“trueno”), tú Nääxwinyëtë (“madre
naturaleza”). A tí vengo y a tí acudo. Tendrá valor ésto que
te dejo y ésto de lo que te voy a hablar, que te voy a pedir. Para
que te compadezcas de uno de tus hijos y uno de tus animales
a los que cuidas y haces crecer. Por eso aquí te deposito, por
eso estoy sacrificando y estoy hiriendo, para que valga; para
que lo aceptes y me lo devuelvas. Aunque sea pequeño lo que
te dejo, y no grande como te mereces, tendrá valor lo que te
ofrendo.
El cazador se queda por ahí; se sienta debajo de un pino hasta
que cae la noche y empieza a lloviznar. De pronto, el cazador
se queda dormido, cierra los ojos y empieza a soñar, de repente
ve a un señor grande, un señor que tiene poder, pero para él era
Anäw (“trueno”) o el dador de todos ellos (los animales).
Sin decir nada, el trueno le comienza a hablar:
—Ya sé que vienes a pedirme algo; estás aquí para pedirme
uno de mis hijos, uno de mis criados.
El cazador no contesta nada, y Anäw prosigue:
—Ya recibí de tí un pedimento que me has hecho. Pero antes
que nada, tienes que seguir estos tres consejos: primero, tienes
que saber qué hijo mío vas a cazar; yo te lo daré, pero a su
debido tiempo. Segundo, no quiero que caces animales que estén
en edad de procrear porque son mis mayores ilusiones, y si tú
me las destruyes no me va a gustar; porque muchos de ustedes
me lo han hecho, y yo simplemente les quito y no les doy
nada. Tercero, no precisamente soy yo el que tiene que mantenerte
para que te dé todo, sino que tú, con tu propio esfuerzo,
con tu trabajo, tienes que vivir para que salgas de pobre y seas
rico. No tengo que darte la carne de mis hijos, para eso te doy
tierra. Yo soy el dueño de todo y te daré mi apoyo para que
produzca tu maíz, tu frijolar, tu chilar.
El cazador, sin decir ni una sola palabra, aceptó todos los consejos
y los tomará en cuenta. El cazador creía que todo esto

era realidad, pero era sólo un sueño. De pronto despierta este
cazador; se persigna, le habla al Señor de Alotepec, a Kong-
Anäw, y le pide que le dé el don que ya había pedido y que le
envíe uno de sus animales o hijos como se lo había revelado
en el sueño. El cazador despertó, se levantó y dio algunas vueltas
entre la maleza, debajo de todos los pinos y ocotes.
Entonces comienzan a aparecer los rayos; de repente aparece
el trueno. El cazador sabe que se le está enviando el don
que pidió. El hombre comienza a sentir frío, y se sienta con un
gabán de lana para protegerse. Estaba haciendo mucho frío y
lloviznaba, conforme pasaba el tiempo la llovizna se convertía
en aguacero, estaba más tremendo. El cazador se percata de
un ruido de hojas secas y se pregunta:
—¿Qué será lo que estoy oyendo? ¿Serán animales de alguien
de por aquí?
El cazador trata de ver pero no es nada. Ya es más de la media
noche; el cazador nunca se desesperó porque Kong-Anäw le
había revelado en su sueño que sí le iba a dar el don para cazar
si seguía los tres consejos y que los pusiera en práctica. De
repente, con su lámpara enfoca hacia el lugar donde había oído
el ruido de hojas secas y ve que era un animal. El cazador ve
que era pax (venado hembra), pero no era pax, era jaaitzu (venado).
Le apuntó y le disparó, y se da cuenta que el señor o
cuidador de todo se lo había mandado. Y así fue, porque el
cazador depositó toda su fe y porque le hizo una ofrenda a
Kong y a Anäw.

CUENTO TOMADO DEL LIBRO FIESTAS DE LOS PUEBLOS INDIGENAS DE GUSTAVO TORRES

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