sábado, 6 de diciembre de 2008

EL CRISTO NEGRO

EL CRISTO NEGRO DE ALOTEPEC
CRISÓSTOMO ZARAGOZA
Narrador
Tanto los viejitos, como las viejitas platican que el Señor de
Alotepec nació en Chuxnabán. Dicen que ahí había un
“haciendero” español, o quién sabe de dónde era; ahí el señor
tenía su hacienda, y ahí se encontraba la imagen del Señor de
Alotepec.
Cuando comenzó la revolución, o quien sabe porqué, aquel
hacendado quiso vender la imagen del Señor de Alotepec. En
aquel entonces, Chuxnabán pertenecía a Quetzaltepec; eran
terrenos de Quetzaltepec. El señor se preguntó:
—¿Dónde podré vender esta imagen?
Como los habitantes de Quetzaltepec se enteraron rápidamente
de las intenciones del hacendado, luego mandaron razón para
ver si ellos podrían comprar la imagen. Pero no pudieron comprarla
por falta de dinero.
No se sabe si la revolución ya había comenzado o qué había
hecho el gobierno con su hacendado. Pero el hacendado todavía
quería vender la imagen para irse del pueblo. Tampoco se
sabe a dónde se quería ir. Como los de Quetzaltepec no pudieron
comprar la imagen, los de Alotepec entonces mandaron su
razón para que poderla comprar. Los de Alotepec compraron la
imagen del Señor.
Cuando llegaron con la imagen, los de Alotepec luego se
apresuraron para construir una iglesita; hicieron un jacalito de
zacate, pequeño, casi como una ermita. Ahí metieron al Señor.
El Señor de Alotepec ya tenía su casita de zacate.
Antes de ese tiempo los abuelitos no vivían en Alotepec,
andaban buscando dónde quedarse; caminaban como los aztecas.
Dicen los abuelitos que así caminaban; buscando dónde
mero iba a estar el pueblo. Los abuelitos no estuvieron conten
tos en tza’p tëëjk kopk winduum (“el lugar de los cimientos de la
iglesia”). Bueno ¿por qué? Pues no sabemos. Después los abuelitos
caminaron a otro lugar; hasta allá por los terrenos de
Cotzocón, koonapokm (“el antiguo napokm”, el antiguo Alotepec)
le decimos en nuestro dialecto. Ahí estuvieron también, pero no
se contentaron los viejitos; no se hallaron ahí ¿Por qué será? El
lugar está bien, pero sólo Dios es quien dispone todas las cosas.
Luego encontraron este lugar, aquí a donde llegaron los abuelitos.
Dicen que escuchaban el canto del gallo y el sonido de los
animales, de los burros, de los caballos, de los mulares. Así se
oía, y aquí sí se hallaron, aquí sí estuvieron contentos. Hicieron
sus casitas.
Y después compraron al Señor de Alotepec. Fue entonces
cuando le hicieron una ermita de zacate. Ahí metieron a Dios
para adorarlo dentro de su casa de zacate; la primera iglesia.
Ahí estaba la imagen del Señor; ahí permaneció su retrato hasta
que se quemó la iglesia. Quién sabe cuántos años estuvieron
así, pero los abuelitos dicen que se quemó la iglesia. Un día
llegó el rayo a la iglesia, con un truenazo, y la quemó. Cuando la
iglesia del Señor se estaba quemando, la Virgen salió, subió,
voló al cerro; pero el Señor de Alotepec se quedó. Por eso dicen
que no es la Virgen de la Asunción, sino de la “Ascensión”.
Durante el incendio, los abuelitos comieron con sus pañuelos
blancos amarrados en la cabeza para sacar la imagen. Salía
mucha lumbre de la ermita de zacate. Agarraron al señor
entre dos o tres y lo sacaron para que no se quemara, y no se
quemó. Lo único que se quemó fue la iglesia, su casa, porque
era de pura vara, de puro palito. Entonces comenzaron a construir
la primera iglesia del Señor da Alotepec.

CUENTO TOMADO DEL LIBRO FESTIVIDADES DE LOS PUEBLOS INDIGENAS DE GUSTAVO TORRES

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