
Se trata de ejercer la memoria para conservar la identidad y la realidad, si lo real es lo que permanece identico a si mismo a traves del tiempo
jueves, 29 de julio de 2010
Llamar a la diosa

viernes, 9 de julio de 2010
Una espina

Una espina adentro de la carne
es el dolor
Quiero abrir mi piel entera
para dejarlo aquí
debajo de esta tierra
la misma que abriga la olla de barro
casa de mi ombligo
la tierra que sostiene el cordel de mi vida
la que habrá de jalar mis riendas
para volver con flores
y poner en la mesa de los santos
y llevar a las tumbas de mis muertos
Pero una espina bien metida
adentro de la carne es el dolor
Partiré con él aunque me pese.
Irma Pineda
jueves, 8 de julio de 2010
El cazador (Texto con advertencia)
----------------------------- El desayuno---- Francisco Toledo-----------------------El cazador
Josías López Gómez
Ir al bosque es mi sustento, mi gusto, mi distracción. Llevo mi cuchillo, dispuesto a clavarlo a la primera presa que se ponga a mi alcance. Mi perro Maelchan huele el orín del animal; ladra, agarro mi escopeta, lo sigo. Soy cazador, cuento con el respeto de todos, pero sin autoridad ni privilegio, sólo cumplo mi deber.
Una enorme luna llena, amarilla y radiante, surgió en la punta del cerro Ijk’al Ajaw, comencé mi faena. Con mi incienso de copal invoqué al espíritu de los que iniciaron la cacería, pedí la ayuda de los antepasados, agradecí al animal por entregarse a la muerte, porque la caza es sagrada, no una matanza; después bajé por el sendero a la comarca de venados, un creciente murmullo de zancudos vibró en mis oídos. A medio camino silbó el pájaro maligno, el mensajero de la muerte, no se dice su nombre, viene de la morada del dolor, de la oscuridad. No me importó, avancé; más adelante pasó volando muy bajo, me detuve, silbó dos veces, señal de mal augurio. Pensé en mi mujer Xpet Konsal, sola, le podía pasar algo; tuve motivo para preocuparme. Pero la presa me hizo seguir.
Fui leyendo el paso del animal en cada rama rota, en cada hoja aplastada. Sé perfectamente cuándo la huella corresponde a un día o a una semana; si es de venado, de tepezcuintle o de comadreja. Puse el oído sobre la tierra, escuché las pisadas del venado. Mi perro corrió tras él, lo seguí. Una vez comenzado el ritual de la caza, no hay tiempo para perder. Yo y la presa sabemos que esa danza sólo termina con la muerte. En el momento culminante de la caza, la madre tierra contiene su respiración, el bosque calla, los ríos se silencian, el aire se detiene. Sólo el corazón del cazador y el del animal palpitan al mismo tiempo.
Pero ahora fallé, mi perro perdió el rastro. Me enojé, conozco el valor de mi tiempo, no lo desperdicio, no estoy acostumbrado a perder mi presa, ha sido mi vida. Le di un culatazo al Maelchan, aulló de dolor, se metió entre los matorrales. Me senté sobre las hojas secas, guardé silencio con la cabeza gacha, mi perro vino a lamer mis pies, movía la cola, me veía con tristeza.
Enojado y dolido me puse en camino. Me acerqué silenciosamente a mi casa, seguro que mi esposa dormiría profundamente, el fuego apagado. Escuché un quejido suave, me sorprendió. Mi mujer no estaba sola en mi cama.
–Espera, espera, quiero orinar —dijo su acompañante.
–No salgas, hay un agujero en la esquina, ahí orina mi esposo.
Se levantó, vino directo donde dijeron. Me moví con cuidado a la luz de la luna, su verga dura y gruesa soltó un chorro de orina, me dio coraje, la agarré fuertemente. Saqué mi cuchillo, se la corté de un sólo tajo.
Gritó aterradoramente.
–Hijo de diablo —creí decir. Y aún escuché a mi mujer preguntar:
–¿Qué te pasó?
No supe más, lleno de coraje, volví al bosque. Vagué entre los árboles, sin saber a dónde me dirigía, las afiladas espinas de algunas plantas no pude evitarlas, la luz de la luna se filtraba entre las copas de los árboles. Angustiado, junté leña, hice lumbre, pero me sentía adolorido, con ganas de gritar. Muchas cosas me vinieron a la mente. Pensé destruir mi casa para no dejar ningún rastro, cambiar mi nombre si era posible, irme a otro lugar donde nadie me encontraría.
Sentado junto a la lumbre varias ratas pasaron cerca de mis pies, eran veloces, se metían debajo de las piedras. Al rato el Maelchan levantó las orejas, siguió a un venado, cansándolo hasta debilitarlo por completo, pero no se resignó tan luego a morir. Comenzó el acto final, mi cuchillo se clavó en su pescuezo, luchó con sus últimas fuerzas, poco a poco quedó quieto con los ojos fijos. Celebré con el cuchillo en alto.
Despellejé y asé parte del venado, comí un pedazo, y un trozo para mi perro por su esfuerzo. Completé la comida con agua de un pequeño manantial. Llegó el frío del amanecer. La luna continuó su paseo por el firmamento. Más tarde desaparecieron las estrellas, el cielo comenzó a aclarar con un suave resplandor. El zumbido de los zancudos disminuyó poco a poco. Salí del bosque, conozco el sendero de memoria, soy producto de esta montaña; no sólo me provee lo que necesito, cada árbol de encino, de roble, de ocote, de laurel, de liquidámbar, habla conmigo, sabe que soy habitante de este lugar. Su valor no se compara con nada.
–Ya vine, levántate a hacer las tortillas. Mira qué carne traje —le dije a mi mujer al momento de bajar mi carga.
Bajó de la cama, aparentemente contenta. Se puso en acción. Encendió el fogón, lavó y molió el nixtamal, le puso cal al comal, comenzó a hacer tortillas. Traje leña para avivar el fuego. Agarré la primera tortilla calientita, se la di con un pedazo de carne.
–Aquí está tu parte, es todo tuyo.
Agarró con emoción el alimento, quiso compartir conmigo, estaba acostumbrada a que comiéramos juntos.
–No, estoy lleno —le dije, sobando mi barriga.
La vi tragar el primer bocado.
–¿Está sabroso? —le pregunté.
–Sí, sólo está salada —contestó.
Siguió comiendo, hasta que acabó. Se limpió la boca con la palma de la mano, satisfecha por el bocado.
–Tengo sed, quiero agua, asaste la carne gorda —dijo luego de un breve silencio.
Agarró una jícara con agua, la bebió, pero no calmó su sed, siguió bebiendo hasta que no pudo echar agua en su jícara.
–No se me quita la sed, por favor pásame otra jícara con agua —dijo con lentitud, con la barriga ensanchada. Suspiró.
Me apresuré a cumplir sus deseos.
–¿Qué me diste de comer? —preguntó.
–La verga de tu querido —contesté.
Ella se sorprendió al escucharlo, parpadeó con ganas de llorar.
–Me engañaste —le dije—, por tu culpa no cacé el primer venado.
Tocó mi hombro. No dejó de mirarme. Murmuró:
–Voy a morir, no supe ser tu mujer.
–Mi perro Maelchan es más honesto, me acompaña, me ha cuidado por años —le contesté.
Xpet Konsal ya no comió. De tanto tomar agua murió, su cuerpo regresó a la madre tierra. La verga de un hombre es caliente, salada, provoca mucha sed.
sábado, 26 de junio de 2010
CONJUROS Y EBRIEDADES - Poesía y rezos tzotziles 2
Tan antigua como la noche chiapaneca, las mujeres tzotiles, han hecho conjuros con diversos motivos. A saber: para curar diversos males tanto fisicos como espirituales, asi como tambien para atraer la buena fortuna y en casos no tan afortunados maleficios. En un taller llamado Leñateros en Chiapas., Ambar Past hizo una recopilacion de ellos en una version blingue: tzotil - español y de ahi (no del libro sino de una reseña del mismo) tomo estas dos muestras:
Xpetra Ernándes
Brujería para atraer a un hombre:
Quiero que venga con flores en el corazón.
Con todo su corazón,
quiero que le hable a mi cuerpo.
Quiero que le duela la sangre por mí
cuando me vea de camino al mercado.
--------------------------------------------
Tonik Nibak
maleficio para asesinar al hombre infiel:
Que 13 diablesas, 13 diosas de la muerte,
extingan su nombre.
Que el viento desatado en su cabeza, en su corazón,
apague su vela.
Que muera en la carretera.
Que le atropelle un coche.
Una bicicleta. Que se rompa una pierna.
Si se muere, yo me reiré
jueves, 17 de junio de 2010
El fragata
El fragata lleva el corazón de fuera,
no le cabe en el pecho,
el corazón le crece cuando busca su par,
el par de un corazón que no cabe en sus adentros,
despeinado se despierta con el alba extensa,
la hermosura es su pico en forma de flecha espesa,
de ganzúa que abre corazones de hierro, blindados,
los abre como si fueran de papel lustre.
Es un plumífero cupido vuelto pájaro,
un ave con un corazón
que no le cabe en el pecho.
Gab Martínez.
*Fotografía de Adriana Reid
Esta habilidad que tienen estos pájaros les permite capturar pequeños peces desde la superficie del mar, introduciendo solo su pico y a veces también atrapan a peces voladores en pleno vuelo.
sábado, 12 de junio de 2010
Piel de Mar

con el brillo del mar
con tu infinita y tersa piel
el salado y dulce aroma de
tu esencia
que inspira la ola y la brisa
que provoca
que tu perfil de ángel
se acerque con tu manto
cubriendo lentamente
el cuerpo desnudo de la Virgen.
xchi'uk stselobal muk'ta uk'um
xchi'uk smuk'ul sk'unetal a nukulel
li ch'achi'xchi'uk xch'il smuil
a bik'al
xkuxes li tselobal vo'
xchi'uk li st'ujulal ak'bal xkuxes
li a t'ujumal sat vinik
xnopaj xchi'uk ajayal k'u'
smak k'unk'un
li t'anal sbek'tal jch'ulme'tik.
María Concepción nació en San Cristóbal de Las Casas, en 1977. Actualmente estudia el último año de la carrera de Pedagogía, en la Universidad Maya.
"Me interesa retomar elementos de mi propia identidad, es decir, mi identidad cultural: son elementos que no puedo separar de la literatura o de la pintura. Empecé a escribir como una manera de apropiarme de un elemento fundamental de mi cultura, que es la lengua, la lengua escrita.
"Además de que hay un movimiento fuerte para rescatar esta parte de la cultura indígena, que para algunas generaciones se está perdiendo y que es el uso de la misma lengua.
"Algo muy importante es que esto poco a poco se va abriendo camino, va tomando su espacio para fortalecer nuestro idioma, que es una parte muy importante para la cultura indígena, y muy importante para mí también, en lo personal.
"Por eso me ha llamado la atención, aparte de que desde mi propia manera de ver las cosas, estoy conjugando la escritura con las artes plásticas, cosas que no puedo separar, porque las considero como medios para expresarme, para transmitir algún mensaje que yo quiera manifestar. Mi objetivo consiste en estar en una formación constante".
María Concepción Bautista traduce al español sus propios poemas.
"A veces las palabras en bats'ik'op no las encuentro en la otra lengua, tal cual. Entonces lo que pasa es que cambia un tanto; sin embargo no creo que sea una dificultad, ya que considero que cada lengua tiene su propia esencia, por lo tanto no siempre se encontrará la misma palabra, pero se podrá hacer un acercamiento, lo más posible. Lo que yo quiero es que no se pierda la esencia de mi palabra a la hora de traducir".
viernes, 28 de mayo de 2010
El indio no es el que mira usted

-
LLAMAR A LA DIOSA Coatlicue, arrópame con tus serpientes. Dame nuevos corazones de mañana. No me mantengas a tus pies sin lluvia. Soy un poc...
-
-------------------------------Golfo de Santa Clara (Sonora, México) foto tomada hace unos meses -------------------- La poesía en l...
-
I Vuelo Soy pajaro: mis vuelos son dentro de mi. Rapapem In inchikop: ri nurapapem kinb'an pa ri wanima'. II Jaguar Otras veces soy...