Hay mujeres que aman el logos, antes que la realidad de carne y hueso. Hay mujeres que son tan agua que prefieren desbordarse en tinta, antes que en luna saciada. Que se desbrozan en la imagen y el filo del sustantivo: que niegan existencia al factum y Descartes, y hallan su felicidad en los dictados del reflejo bellísimo de la sombra del ángel en la aurora. Hay mujeres invertebradas que son aire y luz, que son sueño y abismo, pero ante todo palabra. Es por ellas que el mundo juega a ser horizonte perfilado en página y universo, cadencia y alegoría. Fulgor del lenguaje realizado en mujer.
Xm





