(imagen Vaquer Miguel.Guitarra y claveles.)
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Te sentí solitaria,
abandonada en las huellas de la noche doliente,
Y no te lo dije.
Te creí serena
En medio de las paredes del sarcófago
que enjugó tus lágrimas en silencio.
Desahogada en la oscuridad de una esquina
Esperabas.
El terciopelo cobija el destello cereza
de tu cuerpo de ámbar
Ajena al engaño, fuiste fiel.
Ahora yaces inconsolable
En tu figura de ángel en la ráfaga del fuego
y el eco de tu compás que anticipa la luz de la noche.
Me creí indiferente,
Pero las manos que extrañabas
olvidaron la belleza de tu encanto.
No se deslizan más estos dedos
sobre las cuerdas de tu cuerpo.
El reverberar mágico de las notas
y su resonar melódico sobre el diapasón….
!Ha cesado!Inexplicablemente me olvidé de ti.
Salí en pos de un delirio carcomido por la mentira,
sordo a la acústica de tu voz a lo lejos
Tu alma gimió entre la Madera.
Y lloraste desconsolada.
Tu llanto sacudió mi cuerpo.
Y en el dolor de un acorde
nació la música de tus entrañas.
Yo te pensé enamorada, pero no de mi.
Fortuito embrujo en otros brazos.
¿! Y yo te dejé solitaria!?
Fue el espejismo de las letras,
que te robó mi manos
Traeré las letras a ti, guitarra mía.
Escribiré sobre el cordón
Que anuda tu cuerpo de madera
Y nunca más yacerás rezagada….
Y te diré qué decir en secreto
y se lo contaras a otros en tu canto.
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Pablo Paniagua.