jueves, 8 de enero de 2009

SOBRE LA SIERRA MIXE

Sierra Mixe
Lejos del edén, tan amante de la tierra

El edén es un lugar,
un lugar donde nada ocurre,
donde nada ocurre nunca.
David Byrne

Ramón Vera Herrera,
(ojarasca 93 *suplemento mensual-lajornadasemanal-enero 2005)
Territorio Mixe, Oaxaca,
11-13 de diciembre.

Alotepec es una comunidad asentada a las faldas mismas del Cerro Mujer, que algunos llaman Malinche y otros Cerro de las Nueve Serpientes. Desde Alotepec no asoma su forma femenina. Es una inmensa pared vertical, a veces borrosa de niebla, cubierta de matorral y árboles y es casi inaccesible. Desde el camino, la montaña se mira como una mujer recostada, no boca arriba como Iztaccíhuatl sino de lado, con su cabellera, su cuello, el hombro, la espalda, la cintura, la pronunciada cadera y las piernas en posición de dormir o dejarse admirar.
Alotepec es un cuenco, como los utilizados para servir agua, que reposa acogido en el regazo imaginario de una bella mujer, y cae a pico desde su orilla al abismo tras el que los macizos se pierden verdes hasta el horizonte --tantos que hay quien dice que aquí la idea del más allá no es abstracción "metafísica" sino algo concreto y total, y que por eso los mixes son tan terrenales. Una ermita en mitad del Cerro Mujer, entre los arbustos, y algunas rocas verticales clavadas cual dólmenes, son señales del cuidado y la veneración que la comunidad brinda, paradójicamente, a lo sagrado.
La gente comienza a llegar a la celebración de las calendas de la Guadalupana, que coinciden con la firma de un contrato entre las asambleas mixes (o ayuuk como se llaman a sí mismos), Servicios del Pueblo Mixe (ser) y el sistema universitario jesuita, para emprender un Centro de Estudios Ayuuk.
En Ayutla, Totontepec, Zacatepec, Tlahuitoltepec y otras comunidades de la parte media y alta de la Sierra Mixe celebran también a Guadalupe con misas en ayuuk, fiesta, baile, bandas, torneos de basquet y fut, trago y moles de toda suerte. Pero el impulso al Centro de Estudios Ayuuk, trae a las fiestas de Alotepec a gran cantidad de gente que sabe hace mucho que ahí se tejen hilos sutiles para "reconstituir" lo ayuuk y su legendaria idea de comunalidad.
Desde tiempos de Floriberto Díaz, uno de los pensadores indígenas que más influyó en la visión autonómica actual de los pueblos de México, hubo la preocupación de provocar un estallido cultural que generara profesionistas ayuuk, al servicio de sus comunidades y asambleas. Hoy, una veintena de estos profesionistas acompaña desde múltiples proyectos los avatares de un pueblo que sigue su camino propio con una idea muy singular de la vida. Operan un diplomado en lengua y cultura ayuuk, varios bachilleratos integrales comunitarios en Alotepec, Jaltepec y Tlahuitoltepec, realizan encuentros de reflexión (las Semanas de Vida y Lengua Mixes), estrenan radio comunitaria en Tlahuitoltepec después de años de hostigamiento gubernamental, impulsan un sistema de transporte propio mediante pickups de carga y pasajeros, y junto con ser dan vida a innovadoras conciliaciones inter comunitarias autónomas en un intento bastante exitoso por retejer el tramado regional disminuyendo los conflictos agrarios, además de trabajar varios proyectos productivos propios que acuerpan poco a poco la región. La gente siente que uno de los pasos para darle continuidad a su autonomía es la creación de un centro de estudios como el que ahora se emprende, con miras a una universidad intercultural ayuuk.
En Alotepec se preparan las calendas de la Guadalupana. Las bandas de viento de otras comunidades llegan a pagar sus respetos. Lo normal es que pudieran empezar desde la caída del sol, la tarde del 11, y tocar toda la noche para celebrarla, pero hay final de futbol entre Pumas y Monterrey y la gente no quiere perdérselo. Varios vecinos comienzan a entrar a las casas donde hay tele, porque las puertas de todas las casas están abiertas, y porque la gente se visita sin formalismo alguno. Así que las calendas comienzan sólo después de la victoria Puma.
Las televisiones no captan bien la señal y la "nieve" en la transmisión es tanta que las personas escuchan el partido por la tele, pero como en segundo plano, porque lo importante es platicar, recibir a los recién llegados.
La gente de ser tiene el encargo de preparar la serenata a la Virgen y se va a resolver pendientes: las bandas no tocarán hasta terminar el partido pero quienes organizan no pueden dejar las cosas botadas.
Uno de los presentes "viendo" el fut es don Amando, uno de los viejos más respetados de Alotepec, papá de Salomón, el nuevo coordinador de ser. Le preguntan que como sigue y él cuenta que está bien: andando en la milpa se hirió hace unas semanas con una espina larga al dar el machetazo sobre unos arbustos, y la espina como de un dedo de largo le perforó una vena del brazo. La herida no es grande pero sí profunda y sangró y sangró y gracias a la comunidad, la gente llegó, lo auxilió y casi lo tenían que operar, pero alguien lo curó a lo antiguo. Como niño, muestra a todos su brazo con una herida chiquita pero impresionante y vuelve a mostrar su dedo como medida de lo largo de la espina.
El incidente con don Amando Emeterio, resalta algo poco visible: en la Mixe, la gente vive que la autonomía es ser con mucha naturalidad. Su reivindicación es la comunidad viva. Cuidarse entre todos, una querencia común. Y esa querencia abarca a muchos poblados de la sierra.
Terminado el fut, todos se vuelcan a escuchar las bandas, que desde diversos puntos estratégicos, comienzan a sonar, retumbando sorpresivas.
Cuando la música invade el aire es fácil entender esa fascinación por las bandas que hay en los pueblos ayuuk. A diferencia de un trío de soneros, resuenan con un potencial de muchos matices y texturas en cada balcón, patio o cuarto de la comunidad. Desde varios rincones, los músicos proponen series de planos sonoros, rasposidades, contrapuntos o empalmes. A veces cobra foco una de las bandas, a veces otra, a veces todas juntas. Por la disposición de cuenco del poblado, más la enorme cortina de la montaña, hay varios resonadores que habrían emocionado a los músicos más avantgard de Nueva York, Londres, París o Viena.
No hace falta estar frente a ellos porque su propuesta es comunitaria, permite que desde la distancia todo mundo disfrute las melodías que, siendo diferentes de banda a banda, a veces chocan y rechinan sus armonías, pero eso no le importa a los mixes.
Tal vez le dicen al mundo que a su idea comunitaria le importa un bledo la perfección, la pureza, o la limpieza. Lo que les importa es acompañarse, completarse un poco, reconocerse, gozar con los tropezones, con las sin razones y los hallazgos. Hacen de eso una propuesta, un todo mayor e integral, hallando equilibrios que no encontrarían de atenerse a una idea de la pureza. Eso que asoma en forma musical, tiene paralelos en lo social, en lo íntimo, en lo político. No quieren la perfección ni la cristalización porque dejan que ocurran cosas. Su vida es de avatares sin fin.
Están acostumbrados, es así la vida misma. Parecen decir que la perfección es empobrecimiento e inmovilidad. En cambio, asumir al otro así como es --siempre y cuando haya voluntad de encuentro, acompañamiento, reconocimiento y respeto, cambia el mundo. Lo hace vivo, vasto, gozoso, por más violencia que haya luego. No es sólo respetar la diversidad de manifestaciones de la vida, sino las transformaciones que ésta conlleva, por eso su visión es tan libertaria. Alfredo Zepeda, desde la Sierra Norte de Veracruz y en el mundo ñuhú, dice con mucho tino:
En la comunidad hay borrachos irreversibles pero se les tolera, son libres de morirse, pero al borracho no lo confunden con un líder político. La gente es lo que es. Cada quien tiene su individualidad pero solos se sienten débiles. La comunidad completa un poco. Los ñuhú se dicen: somos podridos, cada uno está podrido pero con todos hace comunidad. No se necesita una terapia de autoestima, lo que se ocupa es su propio reconocimiento en la verdad.
Esta idea tan simple hace mucho más entendibles y asequibles las prácticas comunitarias que, abrevando de la construcción milenaria y actual del saber ayuuk y con el cotejo de las visiones de otros pueblos, logró resumir hace unos años Floriberto Díaz: vivir la comunalidad es resaltar la manera en que ocurren las relaciones entre las personas que comparten la vida. Decía Flori:
La oralidad es un rasgo aplicable a una política moderna. Mientras se siga descuidando la comunicación directa, personal, una sociedad seguirá tronando. Para nosotros la comunalidad significa comunicación directa, y por eso tienen valor nuestras asambleas: incluso las convocatorias las hacemos oralmente. Nuestras leyes no están escritas, son orales y se adecúan a nuestras circunstancias humanas y sociales.
La territorialidad se refiere a que algo no sólo es mío, sino de todos. Y todos podemos circular por ese espacio y tenemos que conocerlo. No es solamente el concepto de tierra como tal, no es sólo su posesión, sino su conocimiento. Son relaciones. Y las relaciones se pueden ir recuperando a nivel de micro territorios.
Los cargos, las funciones de la autoridad deben empezar a ser de servicio, no de poder.
Nuestra práctica autonómica es la decisión --hay que distinguir entre la decisión y la manipulación. En las comunidades son las asambleas de comuneros y ciudadanos las que nombran por consenso a sus autoridades.
Cuando decimos organización, reglas, principios comunitarios, no nos referimos sólo al espacio físico y a la existencia material de los seres humanos, sino a su existencia espiritual, a su código ético e ideológico, y por consiguiente a su conducta política, social, jurídica, cultural, económica y civil. A sus relaciones.
Entonces el servicio gratuito es ejercicio de autoridad, el trabajo colectivo un acto de recreación y los ritos y ceremonias la expresión del don comunal.Vivir, por un momento tan sólo, la forma de relacionarse de los mixes entre sí y con quienes los visitan, hace emerger un aspecto poco explorado: el don comunal del que habla Floriberto. Este don es la confianzaen los otros, en uno mismo. No es permanente, a veces aflora y la gente la pesca y la exhibe para reinaugurarla. Ese don, es para ellos, tan terrenales, lo sagrado.
El efecto de esa confianza es que en esos días de baile, misas, partidos y firmas de contratos para un paso tan crucial como una posible universidad propia, se instala una calma general que no es fácil tener en regiones donde no hay un tramado comunitario horizontal. Los niños pequeñitos abren el baile y luego de un rato los siguen las parejas de más edad. La gente bebe pero no se ahoga y menos agrede a los demás. Por días y noches enteros todos son familia, y todos cuidan a los otros.
Qué extraño que sea Patti Smith, rockera, quien lo logre decir, en uno de sus textos, hablando de la manda de ser intérprete. A la memoria vienen otra vez los chavitos de las bandas de viento ayuuk y la gente volcada en celebrar:
El ejecutante porta su confianza como prenda sagrada. Al usarla entra en un reino entre el ritual y el resultado. Es su manto de arte. Tan ligero como la membrana de un ala. Tan pesado como las cotas de malla de ciertos guerreros. El ejecutante saluda a los guardianes de la tradición. Se inclina ante la gente, que reina. Contiene dentro de sí mismo, el fabuloso festival del rito. Del fuego a la celebración del maíz o la consagración de la primavera. Su imaginación vaga y regresa armada de un crisantemo que engarza en su manto. Y que aflora como motivo en la superficie de su piel. Las escamas que permean el aire como nieve movida por su voluntad, mesmerizarán a quienes miran y escuchan, y por un momento todos serán uno en el pozo de la memoria colectiva. Y en momentos más raros aun, en la memoria anterior a la memoria. Y de ahí a las tareas cotidianas, donde lo más sagrado se teje. El ejecutante se exalta al punto de la náusea y da las gracias. Doblando su manto en los descansos de su mutable ser... (Patti Smith: Land, 2002)

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