Xabo Martinez
Se trata de ejercer la memoria para conservar la identidad y la realidad, si lo real es lo que permanece identico a si mismo a traves del tiempo
Me he convertido en un árbol de palabras, de preguntas sin respuestas que se quedaron a cenar y nunca se fueron, de angustias que atraviesan la casa como moscas, y de algunos pájaros que cruzaron las nubes para perderse. Un árbol de palabras que da frutos al tú, al aquél que debí haber sido. Un niño quedo encaramado en aquel árbol. Juega ahí y permanece, entre el asombro y el olvido. Y la única palabra que desciende cada tarde y se posa en mi hombro. La soledad que se queda a atrapar los sueños de la noche y cada mañana vuela para un día hallarte.
Xabo Martinez
A veces pienso en un color: un azul que va ufanándose de tarde y en la noche dialoga con el bermellón. Sube del mar cuando el agua esta tibia, va por la sal que escolla y se tiende entre los que pasean por el malecón a esa hora. Adquiere nuevas luces cuando contrasta con el ámbar imperante y se impregna de lo que ha sido tirado, quebrado o roto contra las rocas. Permanece dormido en la voz de la espuma: corcel que indaga la vida de las orillas y pregunta por ti. Amor que duerme al calor de la estrella y no oye. No sabe del azul que tiñe de nostalgia el mar por la tarde e impregna el cielo.
Xabo Martinez
Te empecé a oler como se huele una pieza de tabaco, una caravana de sal, una fruta que huele a un país u otro continente. Con esa colección de matices y al mismo tiempo tan uniforme como una ramita de hierbabuena. Apliqué mis sentidos a tus dedos de azúcar, a tus labios que inventan el amanecer del alba. Al arrobo de tus pezones destilando miel de abeja siguiendo al hormiguero de tu ombligo. Me llevé el olor de ti a donde las estrellas hacen la llovizna, a donde el amor sueña el mar y la luna llena. Luego el mundo olió a ti y yo olí a tu silencio.
Xabo Martinez
Antes creí en la fuerza del poema.
En la altitud del poema, en el poema caracol.
Diciéndote algo, dicho hace mil años.
Ese mensaje fue un aletear de mariposas ante tus ojos,
y en tus oídos un alzar de libélulas quietas en la memoria.
Por un instante al ponerlas en mi lengua, estallaron y me cercó el silencio: lo indecible, la ira de las vocales contra si mismas. Argumento caníbal devorándose a si mismo.
Xabo Martinez
Juntos:
La espera. La antesala hacia la nada,
ebrios de silencio.
Morando entre las horas, las ramas.
El tiempo del otro que no nos pertenece
para curarnos la sed y la lengua.
Los ojos; acumulando minutos como hojas,
al pie del árbol, hasta llenarnos de hojas secas
y otoño los rostros, las nubes.
Sólo.
La música llevando el conteo de la lluvia
y los pájaros nómadas que llevan su canto
a las flores que despuntan lejos del invierno.
La nada.
Xabo Martinez
Tu nombre como una canción, una melodía que puede viajar junto al andén. Llevarte cerca de mi.
Amontonarlo a deshoras como hojas secas. Incinerarlas y ver lo luminosas que pueden ser tus vocales.
A la hora del café, manchar los papeles de tinta y parpadear en tu lejanía la vida.
Llover contigo, llover de ti, de principio a fin: la noche humedecida y tu boca llena de estrellas.
Y tus manos, lo que podría decir de tus manos. Los pájaros que se han ido a otro continente.
La pinta azul de la noche. Saborear el vino. Un violín que suena a un paisaje de tus ojos.
Despertamos sobresaltados, la puerta es una lágrima, una sombra que huye.
El polvo que cubre los libros. El jardín donde crece mi memoria como una babel, donde nadie sabe nombrarte.
Tus pasos con olor a rutina. Tus huellas se llevaron la vida. Un sol naranja que amenaza con difuminarse en rosa pálido.
La piel del adiós. El ente de tu olvido. El muro.
Salgamos afuera, respiremos ese aire que despeja los pulmones y miremos el geranio mientras amanece.
Xabo Martinez