jueves, 5 de diciembre de 2013



Tu olvido sabe a sillón vacío,
 a manos nocturnas y perezosas.

A una almohada que no termina de ceder,
a un sueño que se defiende, como gato boca arriba,
al rocío de la madrugada, al viento perdido entre las calles, a terregal.

Al recuerdo de una pesadilla, a un desfile de bestias inmundas y feroces.
A teléfonos que timbran en casas solas, a cartas en blanco.

Teléfonos descolgados, a timbres sin usar, pájaros que te cortan el paso
-la voz-el aire

y tus pulmones se quedan como bestias mudas queriendo respirarte sin hallar tu aire.


gm



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