Una palabra encerrada en la gramática
y un rostro encerrado en sus pliegues.
Una cima para la soledad
y otra Soledad para tu nombre.
Pinos y tu memoria guardada entre la niebla,
entre tus manos que tejieron y destejieron la vida,
bordada en el patio anaranjado y verde.
Una olla de café para tus huesos,
un rebozo en tu cabeza
y un niño que escucha,
a un joven que escucha;
a un hombre mirando a la abuela
y sale a buscarla.
Xabo Martinez
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