viernes, 14 de noviembre de 2014

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Decir te quiero una y otra vez
como si quisiera significar este territorio poblado
de jinetes o emisarios del polvo,
como si con eso pudieras entender
que quiero ese provocar esa lumbre
en nuestros cuerpos.
Dejar que la boca suelte sus lunas aciagas.
Ese lenticular azul donde las dunas
arman su ajedrez de sombras.
Escampar de esos relámpagos fríos.
Vestir tu desnudez con la lengua
que extravío sus ecos en tu cuerpo.
Romper cada imagen
porque no es suficiente un espejo
para que tu piel suelte sus estrellas.
Anegarme de hojas y sembrarme en lejanía.
Germinar al oriente de tu piel
para morder el sepia de tu espalda.
Viajar en tranvía hasta tus sueños.
Encontrar que tan cerca es estar lejos.
que tanto amor guardan tus manos,
Y que, de que forma tu piel enciende mi verbo,
Mi sustancia y mi hombría.
El extranjero que vuelve de donde nunca ha estado.
La lágrima que de tan pertinaz inventa escalofríos.



gm







miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ayotzinapa


Calma dolor calma,
torrente de abulia
lodazal de dinosaurios,
arma contra los marranos la rabia
sin sangre, sin huellas.

Albatros reloj tiende su cerca de espinas
el moridor sin cuerpo,
pero no sin voz, su voz sigue
escuchándose la voz sigue
a través de otras costillas
                                            sigue
otros pulmones ensordecen.
¿podrás dormir en tuétanos la brisa?
donde arrinconar la calle y calmar
ese brazo que falta,
ese mano que tiende
otra mano
hasta el infinito.





El otoño


El otoño es de nosotros, podemos guardarlo al lado de las llaves que ya no usamos. Ponerlo cerca de la ventana para que espíe el mejor momento del cielo. Y de las nubes. Ahí quedara llenándose de herrumbre, sepia y olvido. Un día aspirara el aire melancólico y gris vencido, tomara su vestido de hojas y nervaduras y afincará cerca de los periódicos junto al kiosco. Se acomodará al lado de esos seres llenos de tiempo ido, de tiempo soñado. Buscara el olor de los besos dados por primera vez, ondeara cerca de las nervaduras de ese árbol castaño, buscara entonces tus manos. El abrigo de tus manos para llegar a ese instante en que un solo de violín hechizo tu corazón de una vez y para siempre. Sabrás entonces que el otoño despierta los pájaros de tarde en tarde para recordarte que no hay mejor vuelo que el de la despedida y no hay mejor abrazo que el del regreso.