viernes, 13 de diciembre de 2013

***


La eternidad que invoca el cielo en cada vuelo de pájaros. La sed en la que hiberna la tristeza. Blues y olas blancas la neblina que se abre en tu pecho para mostrar el sendero de pinos. Céntrame en sus manos que espigan la lluvia, en los suspiros que evoca la rosa, en la mirada de la que nacen ángeles ebrios de ternura. Elévame a esas luces altas desde la profundidad de su cielo.


gm

viernes, 6 de diciembre de 2013


Verde

Tu cuerpo arde ánfora de llamas.
dualidad de tus pechos en mis manos,
-pequeños míos-.
el sabor de tus pezones baila en mi boca.
Tu lengua: apresada en mis labios,
 humea en los rincones de tu piel.
En la calle es tarde y llueve,
los peatones se detienen para
verte surgir con flores nuevas.
En tu vientre desnudo y oscuro
todo es subterráneo y luces blancas.
Camino puertas adentro.
Encendido en tu nuca, te digo
que es viernes de nuevo y que te amo.
Con mi cuerpo perfectamente sellado a ti,
hecho raíces y te digo, que cada noche
estaré contigo a esta hora,
sembrándote de nuevo.
Mientras llueve, tú miras los espejos,
me pasas los lentes y tu boca sabe a mi boca,
tus labios aprenden a tallar sílabas mudas,
paisajes pardos, palomas nuevas.
Vuelos cortos e inesperados.
Las manos calcan redondeles
entre calles inesperadas, vecinos de octubre
y todo es hablar del tiempo y sin su permiso,
aprenderme tu nombre de hojas secas.
En tus piernas abiertas, mi mano
llama norte a tu cintura;
sur a tus pies y algodón siempre.
Nubes blancas -vestigios de abril-
mis ojos te van lamiendo el alma.
Afinco mi pertenencia al campo,
a las raíces que se hunden en tu fragancia oscura.
En nuestras pieles azules de tanta agua.
Así es el color del deseo y la cera que vierte la noche,
para cantarnos que hoy es hoy.
Este es el momento y estas tus manos,
que me buscan y que yo repito
que estarán ahí en mi pecho.
Y yo metido en tu cintura de barro, donde cada noche,
cada azul, cada alma, cada cielo, cada cuerpo:
te dirá a deshoras, entre calles y saliva oscura
que es verde tu vientre y que te amo.


gm

Tríptico

I

Un muro, no de piedra sino de acentos

 teje ecos voraces en tu cuerpo.

 II

Rieles que hunden su costillas en el frío

emisarios de la lengua que te buscan ahumándose en el ojo de un abrazo.

III

 Sabor de vías que cruzan la cornisa de las siemprevivas

corres, afianzas al vuelo, canto libre. Pulmones que son ciervos

la flecha negra del tiempo y fluyen gotas momentos,

enciendes un pabilo para alumbrar lo oscuro.

Atado al alba azul, el costado de la blanquecina aurora

destello que se filtra por el sueño

la cantimplora de agua,

las curvas silenciosas de la arena

toda arena es el canto moribundo de la sed

la solidaridad que atrapa el silencio.


gm

jueves, 5 de diciembre de 2013

madeja que descuelga hilos
caminos por donde pasaste
vagando con tanta saudade
atrapada en tu cuerpo
tanto fragor de batallas
tanta nube encendida
 aun se escucha tu voz

 y ya no eres nadie
y ya no eres nada

aun así
aun entonces la sed de tu boca no se acaba.



 gm

Que es un hueso,
que es un árbol,
que es una fruta,
que son tus labios
que es una rama,
que no es un helecho azul
que no es una rama,
que no son tus labios,
que no es una fruta
que no es un árbol,
que no es un hueso,
que es tu recuerdo,
que es un mordisco
que es tu nombre.


gm


Tu olvido sabe a sillón vacío,
 a manos nocturnas y perezosas.

A una almohada que no termina de ceder,
a un sueño que se defiende, como gato boca arriba,
al rocío de la madrugada, al viento perdido entre las calles, a terregal.

Al recuerdo de una pesadilla, a un desfile de bestias inmundas y feroces.
A teléfonos que timbran en casas solas, a cartas en blanco.

Teléfonos descolgados, a timbres sin usar, pájaros que te cortan el paso
-la voz-el aire

y tus pulmones se quedan como bestias mudas queriendo respirarte sin hallar tu aire.


gm