martes, 30 de diciembre de 2008

Neblina


Una toma de la neblina en la montaña, a un lado de la carretera, la lluvia al fondo y atrás el horizonte.

lunes, 29 de diciembre de 2008

HISTORIA DEL MURAL DE CONDOY

Los reyes de la sierra
El Gritón*
Después de mucho batallar, el proyecto de un mural en una comunidad mixe recibió el apoyo oficial. Pero los problemas del pintor apenas comenzaban. En el pueblo, el artista tuvo que sortear los vericuetos de la incomprensible -para muchos- autonomía indígena. ¿El resultado? Condoy, el mítico héroe mixe que encabezó la resistencia contra los españoles, luce su figura en las paredes del palacio municipal de Santa María Alotepec.
Serán como las cuatro de la tarde, porque todavía hace bastante calor y desde el palacio municipal casi no se ve a nadie andar por las reverdecidas calles del pueblo. Sólo se escucha el bote continuo de la pelota de basquet que tres niños intentan meter al aro. El de huaraches ya metió una de tres.
Tengo la mirada perdida en el horizonte, entre la cadena montañosa que se ve allá, como a 30 kilómetros, viendo los zopilotes que se pasean por encima de donde dicen que pasa el río. Mientras, me quito las costras de pintura del pantalón. Santa María Alotepec Mixe es uno de los tantos municipios autónomos de Oaxaca que funcionan por el sistema de usos y costumbres, ya reconocido en la Constitución estatal.
Prácticamente perdido en la Sierra Mixe que se encuentra al noroeste de la ciudad de Oaxaca, Alotepec es un pequeño poblado habitado por unos mil indígenas mixes. Para llegar a éste nada más hay que soportar durante ocho horas el traqueteo del desvencijado camión que recorre, entre barrancas y espectaculares precipicios, un polvoso y estrecho camino de terracería. Al llegar, se pueden tocar las nubes del cielo.
En realidad, aquí los mixes son como reyes. El pueblo es dueño de las tierras hasta donde casi alcanza la vista. Cada miembro de la comunidad es libre de sembrar (maíz, frijol, chile, café...) en cualquier parte de los terrenos que abarca el municipio. Si alguien deja de trabajar sus sembradíos cualquiera puede ocuparlos (aquí si se aplica aquello de que, como diría Zapata, la tierra es de quien la trabaja). Además, algo que llama la atención es que aquí no hay clases sociales: todos son iguales, todos son mixes, todos merecen el mismo respeto y tienen las mismas obligaciones.
En cuanto a sus autoridades, en Santa María Alotepec las elige cada año la asamblea del pueblo, formada por todos los habitantes mayores de 18 años. La elección se realiza por medio del sencillo conteo de manos levantadas. Para cada uno de los cargos municipales -presidente municipal, síndico, tesorero, secretario- se propone a tres posibles candidatos y se elige a uno de acuerdo con su desempeño en su vida privada o en otros cargos públicos, como lo son las mayordomías. Por cierto, ninguna de estas autoridades recibe sueldo alguno. Su trabajo se considera un deber hacia la comunidad.
Aun cuando no soy antropólogo, resulta claro que las mayordomías y el puesto de síndico son, tal vez, los legados más importantes de la organización indígena prehispánica. El síndico tiene la importante tarea de organizar a la comunidad para realizar aquellos trabajos (tequio) que redundan en beneficio de todo el pueblo, como la construcción y limpieza de caminos, la construcción del mercado o, como sucedió hace algunos años, el transporte con mulas de todos los postes de alumbrado público desde el poblado de Ayutla, que se encuentra a unos 100 kilómetros.
Los mayordomos se hacen cargo de la limpieza y las ofrendas de los altares de la iglesia, así como de la organización de las festividades religiosas, como las de San Antonio, la Virgen de Guadalupe y el Señor de Alotepec. El cargo de mayordomo tiene una duración de un año y es por autopostulación.
A propósito de la iglesia (considerada un monumento colonial, pero sin sacerdote porque el último trató de llevarse las limosnas a la diócesis de Oaxaca y los mixes no lo dejaron), me llamó la atención que en Alotepec se encuentran totalmente mezclados el catolicismo con las creencias mixes, de manera que el sacrificio de animales, por ejemplo, se ofrece tanto al Señor de Alotepec como a los dioses que se encuentran en el interior del cerro del Zempoaltepetl.
La historia del Mural
Me acuerdo que un día Luis me habló: que no tenía coche, que qué iba a hacer, que si le daba un aventón y no sé qué. Total que como a las dos horas pasé por él. Lo acompañaba un ``compa'' que se sentó en el asiento de atrás. Entre la basura del asiento trasero, Adelfo encontró unas fotos de cuadros míos. Comenzamos a hablar de pintura y cuando llegamos a Reforma, Adelfo se despidió con una sugerencia: ``¿Por qué no pintas un mural en el nuevo palacio municipal de mi pueblo, Alotepec?'' Me quedé pensando con la convicción de que sería buena idea, pero ¿con qué dinero?
Tiempo después me encontré en San Cristóbal de las Casas con otro habitante de Alotepec: Salomón Maximiano, en aquella época autoridad del municipio. Por lo visto, Adelfo ya le había platicado la idea del mural. Le comenté a Salomón que una manera de conseguir financiamiento era a través del Fonca y que haría falta una carta del municipio en la cual explicara los motivos por los que se requería del financiamiento. Meses después inscribí el proyecto en el programa de inversiones y coinversiones del Fonca, pero no salió ``premiado'', y pues yo fui a protestar. Total, a la segunda vez ya salió ``apoyado''.
Lenguas indígenas
Al pie del camión, junto con algunos pollos y costales de chiles, las cubetas y botes de pintura como que no desentonaban tanto. Atravesé la cancha de basquet y subí al palacio municipal. Ahí ya me esperaban el presidente municipal, el síndico y el alcalde.
Semanas antes, el 2 de mayo, había subido por primera vez al pueblo. Estaban en plenas fiestas del ``Señor de Alotepec''. Siete bandas de músicos se escuchaban por todo el pueblo convertido en un inmenso tianguis-estadio-hipódromo-pista-de-baile-cantina-adoratorio-jaripeo-etcétera. Con toda la fiesta encima y varios días sin dormir, Adelfo y yo nos reunimos con las tres autoridades para explicar el proyecto del mural: la conversación entre Adelfo y ellos era en mixe (¿por qué no tenemos una materia que se llame lenguas indígenas en la primaria-secundaria-prepa?). Al terminar, el presidente municipal me dijo, en español, algo así como: ``te agradecemos mucho que pintes el mural. No te preocupes, aquí te damos comida y donde dormir''.
Pero en mi nueva visita el pueblo lucía diferente. Casi no había nadie. Saludé a las tres autoridades y, eso sí, cerveza en mano, expliqué de nuevo el proyecto del mural (ahora entiendo que las autoridades te invitan una cerveza cuando llegas a cumplir con lo que dijiste que ibas a hacer, porque muchos vienen a decir que van a hacer algo y luego nunca regresan). Recuerdo que lo único que quedó claro es que primero pintaría de ``blanco'' (preparar los muros con gesso) el palacio municipal.
La charla de los topiles
Los topiles son jóvenes en su mayoría. Su cargo es por un año y lo ejercen durante una semana cada cinco. Son los vigilantes-recaderos-ayudantes del municipio y, mientras aplicábamos el gesso a los casi 400 metros cuadrados de paredes del palacio municipal, esto es algo de lo que me contaron:
En realidad no se sabe bien a bien de dónde provienen los mixes. Hay quienes dicen que provienen del Perú y otros que vienen de los valles de Oaxaca debido a la expansión de los reinos mixteco y zapoteco. De acuerdo con ésta última versión, los mixes se vieron obligados a emigrar hacia las montañas del Zempoaltépetl, la serpiente de las nueve cabezas. En su interior habitan las deidades mixes, tales como el rayo, el viento, la naturaleza, la lluvia... Desde el Zempoaltépetl, a través de los siglos, lograron vencer los intentos de conquista por parte de mixtecos, zapotecos y aztecas y, tiempo después, de los españoles. Orgullosamente dicen que nunca fueron conquistados.
En la lucha contra los españoles, al frente de los mixes estuvo su mítico rey Condoy, al cual se guarda una veneración inusitada al ser un símbolo y ejemplo a seguir dentro de la cultura mixe. Cuenta la historia que, una tarde en el río, un anciano encontró dos huevos y los llevó a su casa: de uno nació Condoy y del otro nació su hermana gemela, la serpiente. El niño creció rápidamente y alcanzó la altura de un gigante y tenía los pies igual que las patas de los guajolotes.
Rápidamente Condoy se ganó el respeto y admiración de los mixes y los comandó con gran sabiduría en la lucha contra los españoles. Se dice que Condoy tenía la capacidad de convertirse en pájaro u otros animales, como el jaguar, para así vencer a sus enemigos o realizar algún otro tipo de hazaña. Entre las leyendas que se cuentan de Condoy está la de que un día, camino a Oaxaca, enterró su bastón en la tierra para convertirse en pájaro y burlar así la vigilancia de los españoles. De ese bastón brotó el famoso árbol del Tule y cuenta la misma leyenda que, cuando se seque, será la señal de que Condoy dejó de existir.
Después de su victoria sobre los españoles, Condoy se habita en una cueva en el interior del cerro del Zempoaltépetl y prometió regresar para encaminar hacia la prosperidad al pueblo mixe.
Otra cosa que quedó clara acerca de Condoy: que casi nunca se le ha pintado. Sólo existe una antigua vasija de barro en la que, con un relieve, se representa el nacimiento de este mítico héroe y a partir de la cual se elaboró en los setenta un mural en Tlahuitoltepec Mixe, dentro de la escuela de Siqueiros.
El tiempo pasa
En cuanto terminamos de preparar los muros con gesso, a partir de todo aquello que me habían contado los de Alotepec, hice un boceto del mural y comencé a pintar un gigantesco guerrero mixe; mas cuál no sería mi sorpresa cuando de repente el síndico me dijo que ya no le siguiera, que porque a algunos del pueblo no les gustaba la idea de que se pintara el mural, sino que así, ya todo blanquito, se veía bien el palacio municipal.
En un principio no sabía ni qué hacer, hasta que uno de los topiles me explicó que en el pueblo hay una especie de tradición: siempre que se vaya a hacer algo para la comunidad en su conjunto, ``alguien'' se tiene que oponer, ya que esa actitud provoca que se discuta amplia y profundamente entre la población el proyecto. Y dicho y hecho, el interés por el mural aumentó de una manera notable. Se realizó una asamblea con los Principales, que son las personas del pueblo cuya opinión, ya sea por su cultura o conocimiento de la historia de Alotepec, es de importancia para el resto del pueblo. Les expliqué el motivo y contenido del mural y, algunos días después, quedamos en que, después de escuchar a los ancianos del pueblo, elaborara otro boceto acerca de la organización social de Alotepec para el salón de cabildos del palacio municipal.
Los ancianos de Alotepec son los guardianes de la memoria colectiva, de la historia y mundo mixes; son el libro abierto de la persistencia de una cultura milenaria, y los cargos municipales se encuentran representados por el alcalde, que funge como juez. Por lo general, a los dos cuartitos que forman la cárcel de Alotepec van a dar, para ``reflexionar'', aquellos borrachos escandalosos, los que no cumplen con los trabajos comunitarios, etcétera.
Para los ancianos, la organización social de la mayor parte de los pueblos de la sierra del Zempoaltepetl se fundamenta en el ser mixe: el trabajo colectivo, el respeto a las tradiciones, la igualdad y, fundamentalmente, en esa actitud altiva que se desprende de no haber sido conquistados. Esta actitud les ha permitido resistir los embates de la cultura occidental, gracias a lo cual ahora, en el fin de siglo, nos demuestran la validez de las formas de organización de las culturas mesoamericanas; una organización social que, paradójicamente, resulta ser una alternativa a la cultura occidental. Justo el tema que ahora tendrá la sección del mural del salón de cabildos.

* Antonio Ortiz, El Gritón, ha realizado exposiciones individuales y colectivas en México, Canadá y Japón, algunas de ellas dando vuelo al célebre personaje conocido como El Candingas. El Gritón es físico por accidente y pintor por culpa de una novela. Una de sus últimas instalaciones (que incluía unos pollos muertos dentro de unas jaulas en el Parque del Reloj de Polanco) fue secuestrada por el gobierno de Oscar Espinosa Villarreal.

LA JORNADA 6/09/1998 SUPLEMENTO MASIOSARE

LEYENDA MIXE

" El Rey Condoy"

En un día del pasado mixe, cuando una pareja (marido y mujer) , habian ido en busca de leña, encontraron en el campo, en una cueva, dos enormes huevos, despues de observarlos y con dificultad, ayudandose de palos, decidieron llevarlo a su casa, pesaban tanto estos que tuvieron ciertas dificultades. A los tres dias, los huevos reventaron, del primero salio un niño (condoy) , y del segundo salio una serpirnte de siete cabezas, que era la hermana del niño.
El niño creció rapidamente dando señales de que era una persona diferente y con cualidades superiores, crecía tan rapido que al tercer día ya era un hombre. Se cuenta que comía mucho y su mamá tenía que darle la comida en canastos grandes y él se los acababa.
Condoy viajó a muchos lugares lejanos, como Tehuantepec, Oaxaca, siempre poniendole el pretexto a su mamá que tenia tantas ganas de conocer lugares, quien se quedaba siempre muy preocupada por su hijo. En sus viajes largos, Condoy solo demoraba un día, y a su regreso a casa siempre llevaba bultos de cosas y ollas de dinero. Cierto día cuando regreso de su viaje a Oaxaca trajo consigo una olla de dinero, el cual le entregó a su mamá agradeciendole por haberlo creado y cuidado mucho tiempo y le entregaba el dinero para que nunca le faltara nada y que condoy volvería a partir a conocer mas lugares.
Siguió viajando a muchos lugares en busca de dinero y conocimientos para mejorar a su región mixe, quienes ya lo habían nombrado su rey .Se dice que condoy robaba a los ricos de Oaxaca que tenian dinero y ganados y se los llevaba a su pueblo. Ese tiempo que eran de frecuentes guerras, Condoy siempre estuvo al frente de su región defendiendo sus tierras y a su pueblo de los ejercitos de otras regiones siendo su mejor escondite lo mas alto del cerro del Zempoaltepetl; a Condoy le rebotaban las flechas y las balas, y con su fuerza el aventaba piedras enormes al enemigo, quienes sufrian grandes bajas por cada piedra Condoy aventaba. Enseño a su pueblo a pelear, a sembrar y a trabajar, él arreglo la region mixe a su gusto.
Cierto dia Condoy se encaminó a Mitla, para construir su palacio, ya que se rumoraba otro rey iba a construir una gran ciudad en el mismo lugar; trabajaba de noche, pero el canto de un gallo en la noche lo asustó y suspendió su trabajo; la gente cree que esos palacios inconclusos son ahora las ruinas de Mitla.
Cuando Condoy salió de Mitla se fué a Oaxaca, pero se sentía muy cansado, y al pasar por el lugar llamado el Tule decidió sentarse a descansar, clavó su baston (que pesaba 62 Kg) en el suelo, y el bastón comenzó a retoñar, Condoy sembro así el árbol mas grande del mundo conocido cono "El Arbol del Tule", y el día que este árbol se seque ese día Condoy habrá muerto. Condoy al llegar a Oaxaca se dió cuenta que la tierra era fuerte y dura.
Allí estaba Condoy cuando su hermana (la serpiente) decidió ir a buscarlo diciendole a su mamá que iba a buscar a Condoy, para ver que es lo que hacía. Cuando la serpiente salió rumbo a Oaxaca, se metió bajo la tierra con truenos, lluvias y vientos. La tierra temblaba y hubo derrumbes, era espantoso ve aquello. Pasó por el pueblo de Coatlán, donde la tierra era muy blanda dejando huellas muy profundas . Se dice que ya iba llegando a Nejapa de Madero cuando fue a maldecirla un cura y allí nomas quedó la Serpiente convertida en piedra. El Rey Condoy dejó su anillo en Oaxaca, nadie sabe en que lugar, luego se regresó al cerro del Zempoaltepetl que fue su mejor escondite, donde finalmente quedó para siempre y en donde la gente de la región Mixe puede encontrarlo pero no verlo. Condoy sigue vivo y apoyando a su región y nunca morirá en los corazones de su pueblo.

Compilado por Lauriano Gonzalez Vazquez

lunes, 22 de diciembre de 2008

LA FIESTA DEL TRES DE MAYO

LA FIESTA DEL 3 DE MAYO
Crisóstomo Zaragoza
Narrador
¿Cuándo comenzó la fiesta del 3 de mayo? No se sabe. Tal vez
porque había un señor de Alotepec que se llamó Manuel
Martínez, una persona legal. Dicen que después de que se quemó
la iglesia este señor se fue; se arrimó con el padre para
platicar cómo se podía construir una nueva iglesia. Pero el padre
no aceptó, no se animó. Le dijo:
—Porque no vas a aguantar. El pueblo no va a aguantar. Se
puede hacer otra iglesia, pero como la anterior, de zacate.
El señor Manuel Martínez no se conformó:
—Pero, ¿cómo no se va a poder? Aunque se trabaje duro,
pero que sea de piedra.
El padre se fue a Atitlán, donde estaba la parroquia de Alotepec:
porque antes no era parroquia. Cuando se fue, los principales
se fijaron cómo se debía hacer la iglesia; el señor Manuel
Martínez se animó de nuevo a ver al padre.
—¡Voy a ver al padre! Voy a platicar de nuevo, a ver si acepta;
si no, pues voy a ver la mitra (el obispo) que tienen en Oaxaca.
Y se fue luego para Atitlán.
—Aquí vengo otra vez, a ver cómo se va a hacer la iglesia,
porque el pueblo la quiere así como yo digo— le dijo al cura.
—No, no se puede, le contestó el padre.
—No padre. Dicen que así se va a hacer, como yo digo.
Entonces, cuentan los abuelitos que el padre mandó llamar a la
autoridad para que encarcelarán a ese señor Manuel Martínez.
—Mira, mete a este señor a la cárcel. ¡Qué es lo que está
diciendo! ¡Cuándo va a construir una iglesia como la que le
estoy platicando! ¡Hasta cuándo va a terminar! Este señor no
quiere entender la palabra que yo digo.
Lo metieron a la cárcel. Ahí dentro lo golpearon. Con su sangre
escribió una carta al obispo de Oaxaca. Llegó la carta a
Oaxaca y declaró todo lo que estaba pasando. Y tal vez ahí
recibió la orden o fuerza para que se construyera la iglesia. Al
llegar de nuevo a Alotepec comenzaron a construir la iglesia.
Pero quién sabe cuántos años trabajaron.
Después dijeron que el Señor de Alotepec debía hacer su
fiesta en 3 de mayo, porque ese día es la fiesta de la Santa
Cruz, la invención de la Santa Cruz.

Tomado del libro: Fiestas de los pueblos indigenas de Gustavo Torres

LA CAMPANA DE ALOTEPEC

LA CAMPANA DE ALOTEPEC
CRISÓSTOMO ZARAGOZA
Narrador
Dicen los viejitos que un señor de Alotepec se fue a San Andrés
Tuxtla. En ese momento había ahí la fiesta. El señor se fue
a la fiesta; dicen que fue a vender sus chilitos. Vendía sus chilitos
y saludaba a las personas. Cuando hicieron misa o rosario se
escuchó la campana de la iglesia de San Andrés.
—¡Qué bueno! A ver, yo voy a ver esa campana ¡Qué bonito
suena! —dijo el señor.
El señor se subió a la iglesia a ver la campana que sonaba tan
bonito. Y cuando llegó a verla, las personas del pueblo se decían:
—¿Y ese señor? ¿De dónde es?
Luego le gritaron:
—¿Por qué vienes aquí? ¿Por qué subiste aquí? ¿Quién te
dio permiso?
Las personas del pueblo lo bajaron, le pegaron, lo golpearon y
lo metieron a la cárcel porque subió a la iglesia a ver la campana.
Así de mal la pasó ese señor. Pobre, en lugar de divertirse
en la fiesta, lo encarcelaron.
—Bueno señor, por qué me encarcelan.
—Porque estuviste aquí. ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes?
¡Qué necesidad tienes de ver!
—Bueno señor, es que me gustó mucho su sonido.
—Mañana vamos a ver.
Al día siguiente lo liberaron. El señor llegó a su pueblo, Alotepec,
y platicó cómo le había ido de mal en la fiesta. Se lo platicó a
sus compañeros, que eran nahuales (tzok), que tenía un superior,
un defensa. Platicó a sus familiares, amigos y autoridades
lo que le hicieron en San Andrés Tuxtla.
—Me encarcelaron.
—Bueno, y por qué pues.
—No sé, no hice nada, no hice daño. Nomás porque subí a
ver la campana que tiene un sonido muy bonito. Y por eso me
encarcelaron.
—¡Y por qué cabrón! ¡Mejor vamos a quitar esa campana!
Hicieron junta, una reunión; y todos los que tenían nahual
dijeron:
—¡Yo también tengo un nahual que es cabrón!
Fueron a quitar la campana de la iglesia de San Andrés y la
trajeron a Alotepec. Llegó un aguacero, un truenazo, un rayo.
Llegó una gran tormenta a San Andrés que hizo esconder a los
habitantes. Y así se trajeron la campana a Alotepec y la dejaron
aquí, en un lugar que se llama kämpaan jud windïb’y (“cerca del
hoyo de la campana”). Pero como luego vinieron las nahuales
de San Andrés la escondieron; éstos no la vieron y se regresaron
a su pueblo.
La gente de Alotepec se reunió para ver qué iban a hacer con
la campana. Algunos la querían colgar en la iglesia, pero otros.
—No se puede poner aquí, porque los nahuales de San Andrés
van a venir. Mejor la escondemos en el cerro.
Los nahuales de Alotepec se llevaron la campana al cerro.
La escondieron quien sabe dónde, arriba del cerro. Por eso siem
pre se escucha la campana en el día de San Andrés, justo al
mediodía.

Tomado del libro: Fiesta de los pueblos indigenas de Gustavo Torres.

sábado, 6 de diciembre de 2008

EL CRISTO NEGRO

EL CRISTO NEGRO DE ALOTEPEC
CRISÓSTOMO ZARAGOZA
Narrador
Tanto los viejitos, como las viejitas platican que el Señor de
Alotepec nació en Chuxnabán. Dicen que ahí había un
“haciendero” español, o quién sabe de dónde era; ahí el señor
tenía su hacienda, y ahí se encontraba la imagen del Señor de
Alotepec.
Cuando comenzó la revolución, o quien sabe porqué, aquel
hacendado quiso vender la imagen del Señor de Alotepec. En
aquel entonces, Chuxnabán pertenecía a Quetzaltepec; eran
terrenos de Quetzaltepec. El señor se preguntó:
—¿Dónde podré vender esta imagen?
Como los habitantes de Quetzaltepec se enteraron rápidamente
de las intenciones del hacendado, luego mandaron razón para
ver si ellos podrían comprar la imagen. Pero no pudieron comprarla
por falta de dinero.
No se sabe si la revolución ya había comenzado o qué había
hecho el gobierno con su hacendado. Pero el hacendado todavía
quería vender la imagen para irse del pueblo. Tampoco se
sabe a dónde se quería ir. Como los de Quetzaltepec no pudieron
comprar la imagen, los de Alotepec entonces mandaron su
razón para que poderla comprar. Los de Alotepec compraron la
imagen del Señor.
Cuando llegaron con la imagen, los de Alotepec luego se
apresuraron para construir una iglesita; hicieron un jacalito de
zacate, pequeño, casi como una ermita. Ahí metieron al Señor.
El Señor de Alotepec ya tenía su casita de zacate.
Antes de ese tiempo los abuelitos no vivían en Alotepec,
andaban buscando dónde quedarse; caminaban como los aztecas.
Dicen los abuelitos que así caminaban; buscando dónde
mero iba a estar el pueblo. Los abuelitos no estuvieron conten
tos en tza’p tëëjk kopk winduum (“el lugar de los cimientos de la
iglesia”). Bueno ¿por qué? Pues no sabemos. Después los abuelitos
caminaron a otro lugar; hasta allá por los terrenos de
Cotzocón, koonapokm (“el antiguo napokm”, el antiguo Alotepec)
le decimos en nuestro dialecto. Ahí estuvieron también, pero no
se contentaron los viejitos; no se hallaron ahí ¿Por qué será? El
lugar está bien, pero sólo Dios es quien dispone todas las cosas.
Luego encontraron este lugar, aquí a donde llegaron los abuelitos.
Dicen que escuchaban el canto del gallo y el sonido de los
animales, de los burros, de los caballos, de los mulares. Así se
oía, y aquí sí se hallaron, aquí sí estuvieron contentos. Hicieron
sus casitas.
Y después compraron al Señor de Alotepec. Fue entonces
cuando le hicieron una ermita de zacate. Ahí metieron a Dios
para adorarlo dentro de su casa de zacate; la primera iglesia.
Ahí estaba la imagen del Señor; ahí permaneció su retrato hasta
que se quemó la iglesia. Quién sabe cuántos años estuvieron
así, pero los abuelitos dicen que se quemó la iglesia. Un día
llegó el rayo a la iglesia, con un truenazo, y la quemó. Cuando la
iglesia del Señor se estaba quemando, la Virgen salió, subió,
voló al cerro; pero el Señor de Alotepec se quedó. Por eso dicen
que no es la Virgen de la Asunción, sino de la “Ascensión”.
Durante el incendio, los abuelitos comieron con sus pañuelos
blancos amarrados en la cabeza para sacar la imagen. Salía
mucha lumbre de la ermita de zacate. Agarraron al señor
entre dos o tres y lo sacaron para que no se quemara, y no se
quemó. Lo único que se quemó fue la iglesia, su casa, porque
era de pura vara, de puro palito. Entonces comenzaron a construir
la primera iglesia del Señor da Alotepec.

CUENTO TOMADO DEL LIBRO FESTIVIDADES DE LOS PUEBLOS INDIGENAS DE GUSTAVO TORRES

viernes, 5 de diciembre de 2008

EL RITUAL DE UN CAZADOR

EL RITUAL DE UN CAZADOR
HUMBERTO LUIS
Narrador
Había una vez un cazador nativo de Alotepec. Como la gente
de ahí es pobre, tiene que buscar otras formas de ganarse la
vida, además de trabajar en la milpa y salir a cazar. Este cazador
llevaba mucho tiempo sin cazar un animal; entonces, un
domingo, este señor, con su fe puesta en el Señor de Alotepec,
fue al templo y depositó una ofrenda al señor y le pidió que le
diera el don para cazar. Se lo pidió al Señor y le entregó una
veladora, como maraca el ritual.
El cazador regresó a su casa; ya había pasado un domingo y
un día de la semana, entre los meses de junio y julio, que es el
tiempo de lluvias, cuando los animales se aparecen en el monte.
Entonces, un día dijo:
—No, pues voy a ver qué puedo cazar.
El cazador se fue solo, sin ningún acompañante. Fue a un lugar
llamado put’s kopäjk.217 Antes de salir de su casa, como ofrenda
al dador o cuidador de todos los animales, el señor le llevó
un gallo al lugar indicado como símbolo de ofenda. Así llegó
con el gallo al lugar donde todos los cazadores deben dejar
un gallo; en mixe se conoce como kojo tsy’uy n’ikay. El cazador
hace su ofrenda y le habla al Señor de Alotepec, le habla a dios;
le dice al dador o cuidador de todos los animales que le dé el
don para poder cazar un animal.

—Tú Kong (“señor”), tú Anäw (“trueno”), tú Nääxwinyëtë (“madre
naturaleza”). A tí vengo y a tí acudo. Tendrá valor ésto que
te dejo y ésto de lo que te voy a hablar, que te voy a pedir. Para
que te compadezcas de uno de tus hijos y uno de tus animales
a los que cuidas y haces crecer. Por eso aquí te deposito, por
eso estoy sacrificando y estoy hiriendo, para que valga; para
que lo aceptes y me lo devuelvas. Aunque sea pequeño lo que
te dejo, y no grande como te mereces, tendrá valor lo que te
ofrendo.
El cazador se queda por ahí; se sienta debajo de un pino hasta
que cae la noche y empieza a lloviznar. De pronto, el cazador
se queda dormido, cierra los ojos y empieza a soñar, de repente
ve a un señor grande, un señor que tiene poder, pero para él era
Anäw (“trueno”) o el dador de todos ellos (los animales).
Sin decir nada, el trueno le comienza a hablar:
—Ya sé que vienes a pedirme algo; estás aquí para pedirme
uno de mis hijos, uno de mis criados.
El cazador no contesta nada, y Anäw prosigue:
—Ya recibí de tí un pedimento que me has hecho. Pero antes
que nada, tienes que seguir estos tres consejos: primero, tienes
que saber qué hijo mío vas a cazar; yo te lo daré, pero a su
debido tiempo. Segundo, no quiero que caces animales que estén
en edad de procrear porque son mis mayores ilusiones, y si tú
me las destruyes no me va a gustar; porque muchos de ustedes
me lo han hecho, y yo simplemente les quito y no les doy
nada. Tercero, no precisamente soy yo el que tiene que mantenerte
para que te dé todo, sino que tú, con tu propio esfuerzo,
con tu trabajo, tienes que vivir para que salgas de pobre y seas
rico. No tengo que darte la carne de mis hijos, para eso te doy
tierra. Yo soy el dueño de todo y te daré mi apoyo para que
produzca tu maíz, tu frijolar, tu chilar.
El cazador, sin decir ni una sola palabra, aceptó todos los consejos
y los tomará en cuenta. El cazador creía que todo esto

era realidad, pero era sólo un sueño. De pronto despierta este
cazador; se persigna, le habla al Señor de Alotepec, a Kong-
Anäw, y le pide que le dé el don que ya había pedido y que le
envíe uno de sus animales o hijos como se lo había revelado
en el sueño. El cazador despertó, se levantó y dio algunas vueltas
entre la maleza, debajo de todos los pinos y ocotes.
Entonces comienzan a aparecer los rayos; de repente aparece
el trueno. El cazador sabe que se le está enviando el don
que pidió. El hombre comienza a sentir frío, y se sienta con un
gabán de lana para protegerse. Estaba haciendo mucho frío y
lloviznaba, conforme pasaba el tiempo la llovizna se convertía
en aguacero, estaba más tremendo. El cazador se percata de
un ruido de hojas secas y se pregunta:
—¿Qué será lo que estoy oyendo? ¿Serán animales de alguien
de por aquí?
El cazador trata de ver pero no es nada. Ya es más de la media
noche; el cazador nunca se desesperó porque Kong-Anäw le
había revelado en su sueño que sí le iba a dar el don para cazar
si seguía los tres consejos y que los pusiera en práctica. De
repente, con su lámpara enfoca hacia el lugar donde había oído
el ruido de hojas secas y ve que era un animal. El cazador ve
que era pax (venado hembra), pero no era pax, era jaaitzu (venado).
Le apuntó y le disparó, y se da cuenta que el señor o
cuidador de todo se lo había mandado. Y así fue, porque el
cazador depositó toda su fe y porque le hizo una ofrenda a
Kong y a Anäw.

CUENTO TOMADO DEL LIBRO FIESTAS DE LOS PUEBLOS INDIGENAS DE GUSTAVO TORRES